Expediente Pelo Pocho

Autor: Pablo Medina

A quién pueda interesar

Detective en activo: Severo Izquierdo

A día de hoy casi terminada la estación veraniega y después de 7 meses de intenso trabajo, este es el resumen de lo que he averiguado.

Llevo ya meses siguiendo al individuo que apodo Pelo Pocho. Este tipo empezó a parecer sospechoso porque agentes no comprometidos con investigaciones de asuntos internos y agentes de otros departamentos lo solían ver antes en extrañas circunstancias y siempre en el mismo papel. Se podría decir de señuelo.

Este sujeto presenta el aspecto de un personaje de novela negra y de delincuente de guante blanco, tiene ese aire cetrino, la espalda cargada de un lado y el otro como si se le salieran los huesos de los hombros. Nariz aguileña, tipo judío errante, pelo ralo negro, pegado a la cara.

Desde que llevo siguiéndole, me conduce al lugar de los hechos, donde siempre hay un “fiambre”.

Y ya son muchas veces las que ha ocurrido esto. Le llevo siguiendo todo el año más de 6 veces. Esto huele mal, muy mal, cada vez que este señuelo aparece hay un “fiambre” fijo, pero y esto es el matiz importante, ocurre que en los cuerpos de seguridad del Estado e instancias allegadas alguien sube un puesto. Lo que hay que averiguar es la relación que tiene este señuelo con las fuerzas de seguridad del Estado. Intento ya, desde hace días, relacionar a este individuo con movimientos en las jerarquías institucionales, ya que coincidiendo con los crímenes en la ciudad, hay funcionarios que escalan puestos. Lo verdaderamente importante, sería tenerle en el momento y el sitio preciso donde trincarle y que esto me condujera al gran mirlo blanco.

Ni que decir tiene que, cada vez que aparezco en el escenario del crimen, me reciben como al típico sabueso huele braguetas “metomentodo”.

Si el desenlace de todo esto terminara con perjuicio para mi persona, recuerde aquel que lea esto, que yo solo era un colaborador de la justicia que sobrevivía con un humilde sueldo, incluidos pequeños trabajillos. Entonces, el día que este gran elefante blanco caiga en la red de todos nuestros medios gubernamentales y se le trinque (jerga propia) seré yo quien el que sentado en su casa enfrente al televisor y con la mesilla al lado, con su buena amiga la botella de Jack Daniel’s, cubo con hielo y mi botella de agua fría, viendo las noticias del que ya no va a beneficiarse más de estos teje manejes, sonreiré.

Si usted está leyendo esto será porque yo estoy flotando en el río o con un tiro en la nuca. Espero que esta carta me sirva de seguro de vida.

 

Severo Izquierdo

Madrid, 31 de junio de 1999

7.30 de la mañana

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