La primera vez

Autora: Beatriz Guillén

Aquella mañana mamá y papá vieron como tenía mucha fiebre, eran las cuatro y media de la mañana y no podían llevarme al médico de la seguridad social, pues necesitaban el transporte público.
Mi madre me ponía gasas frías en la frente mientras mi padre, buscaba desesperado un médico o farmacia de guardia, en la zona no había ninguna. Porque vivía en un lugar frío y de paredes de cartón, ese húmedo lugar, me había enfermado.
Me dolía el pecho y sonaba con ruido, mi papá esperó hasta las 6 de la mañana para llevarme al hospital.
Cogió el dinero que le habían dado por su trabajo como chatarrero, y volviéndose a mi madre, le dijo: vámonos ya.

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Como la cigarra

Autor: Kepa Vadillo

Me han emplazado para que participe en este blog de relatos. En la animada conversación del sábado por la tarde, uno de los temas principales fue el del amor. Nuestra amiga Mar, no entendía como alguien se podía enamorar de Trump.

Prometimos no escribir sobre Trump y como soy respetuoso hacia mis compis, decidí empezar a participar con un relato breve, pero enriquecedor.

La canción “Como la cigarra” fue interpretada como nadie por Mercedes Sosa, una cantante argentina de la zona de Tucuman. Nos dejó hace unos siete años.

La autora de esta canción fue compuesta por la poetisa, también argentina Mª Elena Walsh.

Es una oda al canto. No hay nada más placentero que ponerse a cantar. La autora escenifica en la letra de la canción un mensaje. Aunque la vida te vaya mal, aunque todo lo veas de color oscuro, más bien tirando a negro, hay que seguir cantando.

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Etapas

Autora: Annarella Pigna

Estoy en la edad en que la vida ya no es un proyecto. He vivido más de lo que me hacia falta; lo expreso sin nostalgia alguna por lo que fue o pudo haber sido.

Los años han pasado y las huellas dejadas en mi cuerpo y mi alma son tangibles y reales. Hoy tengo que hacer un esfuerzo mayor para lucir mejor y, aún así, siempre con la misma alegría y positividad.

La esclavitud de pintarme el pelo y cuidar mi cara, me recuerdan que mis lágrimas y mis risas no han sido en vano; que cada cana y cada arruga tienen su historia. He vivido mucho, he reído mucho y he llorado mucho y todo ha dejado sus huellas.

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Momby

Autor: Antonio Fernández

La tía Violetta vive en uno de los barrios más tranquilos de París, y no porque su casa se encuentre cerca del cementerio más grande y viejo de la ciudad.

Su vieja casa victoriana parece sacada de una de aquellas películas antiguas de época…en fin…de ella y su casa os hablare otro día; hoy os hablaré de Momby, la criada.

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Nota de cata

Autora: Carolina Ávila

Era una noche cualquiera, cuando, siguiendo un impulso, Marie decidió que había llegado el momento de abrir aquella botella que llevaba unos meses abandonada en un rincón del salón.

También había sido un impulso lo que llevó Marie a decirle a Marcos, unos cuantos meses antes, igualmente en una noche de un día laborable cualquiera, que cogiera un taxi y fuera a su casa. Marie lo recordaba mientras abría la botella con un viejo sacacorchos de dos tiempos, estilo sommiller. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el “ploff” que generó el corcho al soltarse, justo como no debe abrirse una botella… justo como más placer produce. “Quizás es un vino demasiado bueno para terminar dentro de tres días en un guiso improvisado”, pensó. Sonrió al echar tres cubos de hielo falso de colores que recuerdan los años 80 para intentar bajar unos grados la temperatura del mosto. En bragas y camiseta, Marie trasladó la copa al sofá y la dejó enfriar un poco, mientras recordaba aquella primera noche en la que Marcos entraba silenciosamente en la casa y la besaba profundamente, convirtiendo su historia – fuese cual fuese el desenlace – en algo mágico e inolvidable para Marie.

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Mancha sobre agua

Autor: Héctor Higuera

Melissa frente al agua piensa que su madre tenía razón cuando dijo “¿Dónde vas tú con eso? Allá déjalo.”, pero no volvería atrás. Enseñaría su precioso vestido de comunión. Cruzaría las aguas que ella nunca supo que eran fecales, porque aquí las cosas no tienes nombres como fecales, solo es agua con mierda. Conseguiría que el vestido no se ensuciase. Con delicadeza, dio su primer paso sobre el agua, no salpicó, adelantó su pie izquierdo, no salpicó, no era difícil. Soñó que era una bailarina con su vestido blanco que bailaba sobre la tarima de un teatro gigantesco, que, girando sobre si misma, levantaba la pierna vertical, bajaba, abría los brazos ofreciendo al público su salto, pero Melissa debía ser precavida y no saltar, no manchar su vestido, debía dejar de bailar. Palpaba con sus pies descalzos la basura clavada sobre el lodo, las botellas que le hicieran resbalar para caer, ella, su vestido, en el agua. Los cerdos se acercaban. Negros, rebozados de barro y restos de porquerías, con su panza  rozando el agua, olisqueaban entorno a Melissa. La empaparían si no se alejaban. Tenía miedo, había escuchado como un cerdo monstruoso había devorado a un bebe, se lo dijo Ángelo. Arrojó una botella lejos que asustó a los cerdos que huyeron sin salpicar. Envolviendo la masa de agua había una muralla multicolor de basura, todo el espectro de colores, plásticos reciclables que Melissa recogía cada mañana, antes del amanecer, cuando los camiones del ayuntamiento vertían sobre el basurero su alimento; y ellos, los camiones, eran el siguiente riesgo que tenía que afrontar porque un camión se dirigía a verter la basura y, en ocasiones, se acumulaba tanta que perdía su consistencia y se derrumbaba en una avalancha que arrastraba el resto de basura hacia los bordes del agua, la anchura de la charca se reducía y el nivel del agua aumentaba, en fin, el vestido se mancharía. Atenta, veía a los hombres acercase, agruparse alrededor del camión, y a las ratas esperar, mientras arrojaba la basura, para volver a arrancar dejando a los hombres luchando contra los hombres, las ratas contra las ratas y los hombres contra las ratas. Pero Melissa estaba limpia. Se subió la falda, agarró con fuerza, y corrió sus últimos metros. Estaba en la otra orilla. Sintió la arena húmeda.
Feliz, no vio como Angelo recogía agua con las manos, se acercaba sigiloso y vertía el agua con los restos de excrementos, sangre, papel, mierda , sobre su vestido.