Amanece que no es poco

Autora: Mar Rodríguez

Un día caminó hasta el centro del Universo, a ese punto centrífugo donde pasado y futuro enloquecen de melancolía.

Al llegar chasqueó los dedos implorando que sucediera El Milagro, pero sólo aconteció El Silencio.

Descendió por una escalera de caracol de final incierto. Los peldaños eran todos irregulares, y sus pies, al pisarlos, reproducían todos los sonidos del mundo, como si de un caleidoscópico piano se tratara.

Tras los descansillos de la escalera se adivinaba Todo. Al llegar abajo se encontró un visillo. Lo descorrió con temor y descubrió La Nada, que llevaba tiempo cosida a sus pies como una sombra inefable.

“No sé qué hago aquí”, se dijo y poco después esas mismas palabras sonaron en el centro del Universo, formando parte del Eco.

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El despertar de la electrónica

Autor: Pedro Sobrevilla

Adrián era DJ profesional, experto de la electrónica, que pinchaba todas las noches en el polideportivo Martín Carpena de Málaga, en invierno-otoño, y en verano, en la playa durante las fiestas de mojitos.

Su maestro y sabio de la física del sonido era Roberto, que le enseñó a ser un DJ.

Estudiando la carrera de sonido conoció a la doctora Maribel, con la carrera de medicina ya terminada; la había visto en locales ochenteros y algunos de corte rocabilly, y guitarras electro-acústicas donde se escuchaba música de Jaime Urrutia.

Le hizo despertar de su soledad y de sus horas de letargo.

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Un día en Le Mans

Autor: Antonio Fernández

Arranca el día en el circuito francés de Le Mans, las más prestigiosas escuderías se citan para retarse y ver quién se llevará el codiciado premio. Es una cita ineludible. Absorbido por estos pensamientos no me doy cuenta de que comienza la carrera, lo advierto por el rugido furioso de los bólidos, que bajo el sol primaveral son pequeños y veloces alfileres de colores, azules, rojos, y blancos. Es muy típico dejarse embriagar por el olor acre del lubricante de competición, la gasolina y el olor de la goma quemada de los neumáticos.

Así es Le Mans.

Disfruten de la carrera.

Si se pudiera…

Autora: Alicia Llidó

38 años. Ya llevaban 38 años juntos. Demasiado tiempo. Demasiada dependencia.

Me había comprado un vestido amplio, yo, que siempre llevaba ropa ajustada.

Llevaba sandalias en vez de zapato cerrado. La ocasión merecía sentirme libre, incluso, antes de la ceremonia; 38 años esperando éste momento eran suficientes como para regalarme esos cambios.

Era la hora. Me siento frente al Juez, que empieza a preguntar:

– ¿Hace cuánto tiempo que conviven juntos?

– 38 años, Señoría, contestamos al unísono.

– Han firmado Uds. un acuerdo en el que consta que bajo ningún concepto se entrometerán en los asuntos del otro. ¿Ratifican por ambas partes el acuerdo?

– Sí, Señoría, decimos a la vez.

– Perfecto, firmen aquí, por favor. A la salida pueden recoger cada uno una copia.

El Juez indica al Secretario que facilite una copia a la Sra. Pensamiento y otra al Sr. Corazón.

Estrategias para niñas que no comen

Autora: Carolina Ávila

– Una por papá, una por mamá, por la abuelita… y una grande por la niña.

Así era como el hombre convencía a la niña para que se comiera el puré de verdura, cucharada a cucharada, con la paciencia de quién se siente agradecido por cada esfuerzo que hace.

Al menos, así lo hizo hasta que todo cambió.

Aquel día, el hombre permaneció inmóvil mucho tiempo; su mirada traspasando los sucesos de la jornada. Pasadas las primeras horas, tuvo que reaccionar: había que recoger a la niña, darle la merienda e intentar que durmiese una siesta. Pero esa tarde la niña no durmió. No quiso quedarse sola en su habitación. El hombre se acostó a su lado, abrió el último botón de la camisa, se aflojó la corbata y la abrazó, tan inerme y huérfano como su hija.

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La bruja y el gánster

Autor: Pedro Sobrevilla

Había una bruja extremeña de treinta y siete años cuyo nombre era Azucena, amante de los partidos de fútbol y del Atlético de Madrid, que le gustaba viajar con su marido brasileño Ricardito, jugador de fútbol sala, a carnavales y bailar samba y beber caipiriñas.

Por una tradición de su amiga gallega, Estrella, en el camino de Santiago y debido a sus creencias, le gustaba invocar a las meigas haciendo queimadas para que le protegiese en un futuro.

Experimentando un día con cigarrillos combinados, escuchando a Bon Jovi en un bar de la calle Marchena, se olvidó de que amanecía.

Conoció a un gánster de Marruecos en la sala La Luna en la calle Aduriz, que se llamaba David, que le llevó al consumo de tóxicos, y a verse atrapada en una paranoia no real de un juego de rol.

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Visión eterna

Autora: Beatriz Guillén

La playa inmensa se abre ante mis ojos ya ancianos, ese día lo recordare cual hombre descubrió la luna, en mi vida había visto el mar, y fue gracias al IMSERSO cuando vi el mar; me ayudaron las señoritas de la residencia. José es mi nombre, y ver tanta gente ese día me colmó de una sensación asustadiza y perdida, pero a la vez llena de alegría y emoción.

El mar, palabra de tres letras pequeñas, pero tan inmenso que no podía creer que la vida, al final de esta, era capaz de regalarme ese espectáculo, donde niños con sus padres, jugando a la pelota, jóvenes llamativos, con biquinis y bañadores, se refrescaban mientras mis pobres huesos no podían moverse del paseo marítimo; junto unas palmeras me cubrían de sombra del agobiante y pegajoso calor de julio. Saboreaba esa sensación de libertad que, yo en mis tiempos en una familia humilde del barrio de Chamberí, nunca había tenido la oportunidad de contemplar tal espectáculo.

Mi hijo mayor decía que el mar era precioso: “Papá vente con nosotros a la playa”, pero yo no lo deseaba, no deseaba molestar a su mujer y a mis nietos, no deseaba ser un estorbo para nadie, deseaba tal vez estar en Chamberí, ver la tele, leer mi periódico, y no salir mucho de la casa únicamente para ciertos recados ocasionales.

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Vivir al este del Edén

Autor: Kepa Vadillo

En septiembre se celebran las fiestas de Vallecas Villa, en honor a su patrona, Nuestra Señora de la Torre.

Como cada año, me dejo caer suavemente por la explanada dedicada a la feria. No me gusta demasiado el barullo ni la aglomeración de la gente, pero como es tradición, la Comisión de Fiestas nos sorprende con algún acontecimiento musical y es ahí donde mi visita adquiere sentido.

Este año, nos hemos podido deleitar con la música y canciones de uno de esos grupos con solera y muy representativo en la década de los ochenta y noventa, “La Unión”.

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Días de radio

Autor: Pedro Sobrevilla

La cigarrera Isabel se despertaba todas las mañanas en La Gran Vía, cuando paseaba por la calle hacia Plaza España le hizó recordar el Broadway de los años treinta de la gran Depresión, y añoraba las noches de lo prohibido, la ley seca ,cuando ella servía alcohol.

Ella veía, y le gustaba, el ambiente de los trajes caros de los pijos de la movida, que escuchaban a Sabina en antros de luces de neón, la música de jazz de los intelectuales freaks, los vinilos, el champán, el ambiente de bailarinas de cabaret en los teatros.

Ella tenía tablas en el doblaje de seriales antiguos para radio, que se escuchaban en las casas con aparatos sonoros antiguos de madera.

Tenía las supersticiones de grandes divas, rubias como ella, estando en pleno crepúsculo de diosa le tocó actuar en un teatro el día 13, y el número trece, pero todo salió bien y el público aplaudió.

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La vida habla

Autora: Beatriz Guillén

Rompieron el cascarón en primavera, yo volaba mientras la madre estaba calentando las crías, todas ellas arremolinadas en el nido que yo construí, porque el instinto hizo aparearme con esa hembra y de ahí nacieron nuestros polluelos.

Cada día me levanto al alba y me recojo en mi nido por la noche cuando sé que el ruido del mundo aún está sin apagar. Campo a través, vuelo, y me han dado los hombres una denominación de especie, ave, llamada golondrina.

Transportar barro de un sitio a otro como si fuera la obra de un arquitecto no es nada fácil y más cuando estas apresurándote para reconstruirla al año siguiente.

Vivo en el campo. En una huerta cerca de limoneros y naranjos, en una casa antigua casi derruida, hay un esquinazo donde allí me permitió realizar el nido.

La vida de los hombres, aunque no me paro a pensar, mucho en ella, es muy distinta a la nuestra. Ellos labran el campo, usan pesticidas para que no nos acerquemos a las tomateras… pero la vida del pájaro es distinta.

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Jugando en la oscuridad

Autor: Antonio Fernández

El espectáculo de variedades del Victory era el lugar perfecto para cometer un crimen, en su patio de butacas, sumido en tinieblas, durante la representación o tal vez entre los bastidores del escenario, pensaba nuestro hombre, recordando cuando de pequeño jugaba a “Asesinato en las tinieblas”: la víctima, al igual que el juego, era elegida al azar. Era tan simple deslizar suavemente el estilete sobre la yugular y era tan divertido observar el rictus de la cara de la víctima. Sumido en esta ensoñación, se acercó a su víctima, una mujer de unos cincuenta años calcula, era difícil saber su edad ya que estaba demasiado maquillada; como un payaso ruso.

Entonces deslizó la cuchilla suavemente, la mujer abrió excesivamente los ojos, y el grito se congeló en su garganta, solo era capaz de emitir sonidos guturales mientras nuestro hombre desaparecía sigilosamente entre la oscuridad del patio de butacas.

Sí, decididamente, fue un buen espectáculo, pensó, mientras se alejaba por las brumosas calles de París.

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Relato inspirado en el libro de relatos de Margaret Atwood: Asesinato en la oscuridad. El nombre del teatro “Espectáculo de variedades del Victory” remite al relato de Margaret Atwood publicado en el libro mencionado y el juego que practicaba en su infancia el protagonista es una idea original de Margaret Atwood en el relato de mismo título que el libro “Asesinato en la oscuridad”. Por otra parte, el relato tiene referencias directas a la revista “Ellery Queen’s Mystery”, exactamente, el ejemplar publicado en agosto de 1963.

Al otro lado

Autora: Annarella Pigna

Amiga mía, ya sé que estás en Málaga con Susana. ¡Qué ricura! ¡Qué regalo de la vida!

Me imagino la gozadera de las dos, el retroceso en el tiempo que surge instintivamente y las risas de otras épocas que te invaden. Los comentarios insólitos salen sin control y es que las amigas vuelven a compartir.

A estar juntas de nuevo.

De repente se oye “Te acuerdas cuando” y automáticamente te transportas al lugar de ese recuerdo y con “tal” persona. Es revivir los momentos alegres o tristes que compartieron juntas. Absolutamente invaluable.

Dile a Susana que me traiga un poquito de lo reído y gozado, que tanta falta nos hace por estos lados.

¡Disfruten!

Carta para pedir empleo a Dios

Autor: Pablo Medina

A su Excelentísima Divinidad Dios Único y Señor del Universo.

Mi nombre, Pablo Pedro, es conocido por Usted, como sus Santos, y sirve como tarjeta de presentación. Tienen en sus ofertas, varias, de las que me quedo con la que creo se ajusta más a mi experiencia laboral. Se ofrece a espíritu mundano, incluso un poco abúlico en su vivir cotidiano, puesto en el cielo en nube con asiento perpetuo para trabajar como observador de vidas terrenales y para llevar la cuenta de los malos actos humanos. Siempre por supuesto bajo la estricta vigilancia de arcángeles en puesto fijo y de grado superior.

Creo que cumplo el perfil solicitado. Seguramente encajaría en su plantilla sin ningún problema.

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El reflejo del sol en el agua

Autora: Mª Antonia

El reflejo del sol en el agua me deslumbra. Parece el mar pero… ¿Dónde estoy?
Ya recuerdo. Estoy en la exposición viendo el cuadro de María: una línea de pájaros posados en el alambre y detrás de ellos un cielo azul casi gris. Son estorninos.
Es la exposición de los refugiados, la exposición sobre aquellos que lo han perdido todo.
Deambulo por la sala principal en la que está representado todo lo que han abandonado: sus casas, sus fotos, sus seres queridos, sus muertos…

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