La vida habla

Autora: Beatriz Guillén

Rompieron el cascarón en primavera, yo volaba mientras la madre estaba calentando las crías, todas ellas arremolinadas en el nido que yo construí, porque el instinto hizo aparearme con esa hembra y de ahí nacieron nuestros polluelos.

Cada día me levanto al alba y me recojo en mi nido por la noche cuando sé que el ruido del mundo aún está sin apagar. Campo a través, vuelo, y me han dado los hombres una denominación de especie, ave, llamada golondrina.

Transportar barro de un sitio a otro como si fuera la obra de un arquitecto no es nada fácil y más cuando estas apresurándote para reconstruirla al año siguiente.

Vivo en el campo. En una huerta cerca de limoneros y naranjos, en una casa antigua casi derruida, hay un esquinazo donde allí me permitió realizar el nido.

La vida de los hombres, aunque no me paro a pensar, mucho en ella, es muy distinta a la nuestra. Ellos labran el campo, usan pesticidas para que no nos acerquemos a las tomateras… pero la vida del pájaro es distinta.

Nada más recibir el calor del sol, los pequeños comienzan a piar, lo que nos pone alerta a su madre y a mí; y hacemos viajes de ida y vuelta cazando todo tipo de insectos, lombrices y restos de alimento que puede haber entre las hojas y la tierra. Nos alimentamos crecemos, nos reproducimos y morimos, nosotros no lloramos.

¿Pero sabéis cuál es la razón porque la alegría nos invade nuestros corazones ya sea invierno o verano? Ser libres, el poder cantar y volar, es algo que ellos no entenderán nunca…hablo de los hombres, ellos, con sus preocupaciones. A veces me pregunto, si de la tierra sacan tantas bondades, ¿Porque luego se quejan tanto? Del salario, trabajo, de su mujer, sus hijos. Nosotros lo tenemos más fácil, vivimos el día a día y somos felices, eso nos despreocupa de lo que ellos hagan o no.

Nos encanta viajar, sin bono de transporte, traspasar fronteras, sin pasaporte: Somos libres.

África y España son los mejores sitios de todos para criar.

Las crías ya están preparadas y han engordado lo suficiente, para salir del nido, son capaces de volar, y el cielo presagia un día de sol radiante e inmenso, lleno de oportunidades, y es cuando “hacemos las maletas”, y salimos la familia completa hacia esos lugares ya que no se puede soportar el frío de España.

Volamos para cruzar el estrecho y paramos en el camino; en árboles, para poder descansar después de tanto vuelo.

Al final bebemos agua en charcos y riachuelos, que nos vamos encontrando por el camino y cazamos lo que haya por el entorno, preocupándonos de nuestra propia vida y de lo que hacen los demás animales salvajes.

Siempre estamos en guardia por si hay que salir volando. Nuestro destino: tierras cálidas de Marruecos.

Allí hablan de otra manera pero a nosotros nos da igual, solo deseamos volver a reconstruir el nido que dejamos en esa otra casa, y comenzar otra vez el ciclo de la vida.

Nuestros hijos ya mayores se buscan la vida, mi pareja y yo seguiremos siempre juntos.

Ella es mi compañera de viaje, y tiene el olor que a mí me agrada, cuando volvemos, nos apareamos y después de la puesta, la cuido; para toda la vida, y aunque no entiendo eso de querer, me da hijos, calor, reposo y conjuntamos cantos.

Esta es nuestra existencia; sencilla y agradable, esperando que salga el amanecer de un nuevo día para comenzar la jornada; es mi naturaleza, mi verdadera felicidad.

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