Asesinato en tiempos de paz

Autor: Pablo Medina

El escenario: cualquier localidad de la comunidad de Castilla La Mancha.

Protagonista: el cartero de la localidad.

El tiempo: meses de verano.

Sucedió un día de julio. Todo era tranquilidad en el pueblo, las mujeres estaban a la puerta de casa comentando la jornada que empezaba, es una manera de expresarse. Justo antes de la hora del mediodía. Al asunto, calle abajo se acerca Don Anselmo. Se para un momento, mira a un lado de la plaza, piensa en entrar al bar La Central. Algo le ocurre, no se acuerda de qué tiene que hacer. Si lo piensa un poco se acordará, es una carta que lleva en la mano pero no repara en ello. Le tira más el bar. Según entra, el saludo diario.

-Buenos días, Fermín. Lo de siempre.

-Señorío de los Llanos, buena cosecha.

-Oye, Fermín ¿tú sabes el horario del buzón? Entiéndeme, cuándo recogen porque es que no me aclaro.

-Pero hombre a estas alturas me sales con esas. ¿Cuál es el problema?

-Pues que con este dichoso cartero nunca coincido con él. Y necesito que me diga que pasa con las cartas, estoy siempre a la espera y nada, que no me contestan.

-Te puedo decir, por la mañana, a eso de las dos menos cuarto, siempre aparece su camioneta. Y el resto de horas, por la tarde, antes de que acabe el día, suele pasar otra vez.

Este hombre anda siempre un poco despistado, porque entre el vinillo y la charlita, con algún parroquiano habitual del bar, no se da cuenta de que se deja la carta en la barra y la mayoría de las veces termina en el suelo, y de ahí a la basura. Pero Fermín tampoco se da cuenta de estas cosas, no es su “negociado”, así que no se ocupa de la carta ni le presta mayor atención. Don Anselmo apura el vino, ya son dos o tres.

-Hasta mañana, Fermín.

-Adiós, Anselmo.

Sale del bar, cruza la calle directo al buzón, esta vez ha esperado la hora, menos veinte.

-Cinco minutos y doy con éste de una vez.

Juan Luis, en la cuatro por cuatro de correos, se acerca a la plaza, gira en la esquina, para justo al lado del buzón, se apea.

Anselmo que está allí parado se dirige a él.

-Hola, con usted quería yo hablar.

-Dígame, qué se le ofrece.

-Pues que llevo ya varias veces mandando correspondencia al correo y es extraño, nunca me contestan.

-¿A qué carta se refiere?

Anselmo se empieza a palpar busca y rebusca, empieza a sentirse mal, el alcohol se le empieza a subir.

-¿Pero dónde está? Si la tenía en la mano. – El ambiente se enrarece. El cartero no sabe que está pasando.

-Levanta la voz -¿pero dónde, dónde está? ¿La ha cogido usted?

-Oiga, no sé a qué se refiere.

-Que si ha sido usted. Devuélvamela, ahora mismo.

Y en eso, se encoleriza. Se echa sobre el cartero, lo zarandea, se enzarzan, el cartero se defiende, pero Don Anselmo, que siempre fue del tipo brutote, tiene más fuerza y, en concreto, lo engancha del cuello y aprieta y aprieta sin parar, hasta que el pobre funcionario deja de respirar.

Desde el otro lado de la plaza, lugareños del pueblo han observado la escena. Fermín asustado, ha cogido el teléfono y casi sin poder articular palabra, ha llamado al cuartelillo de los civiles.

Pero ¡Oh! infortunio para el pobre trabajador, llegan tarde. Cuando llegan encuentran a Don Anselmo echando babas por la boca y una sacudida de tembleque.

Casi al mismo tiempo aparecen los servicios sanitarios que hacen reaccionar al homicida, al que la Policía esposa y mete en el coche patrulla. Se ocupan de la víctima. Inyecciones, oxígeno, masaje cardíaco, siguen intentando traerle a la vida otra vez. Ha sido mucha asfixia. Todo quedó en el intento, no se pudo hacer nada.

Después de todo esto, se pasó el mediodía, ya es hora de comer. Si alguien quisiera conocer la historia de este suceso, y el disgusto que tuvieron que pasar los habitantes de esta anónima localidad, de la comunidad de Castilla La Mancha, pregunten en los pueblos de los alrededores de Valdepeñas. Este día nadie tiene ganas de hacer lo de siempre, es decir, que si la comida, que si la siesta, que si… Ahora mismo el sol está en el cénit, se respira el calor de las llanuras de La Mancha y no es sólo el calor, flota en el ambiente el dolor por la muerte de un inocente en tiempos de paz.

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2 comentarios en “Asesinato en tiempos de paz

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