My heart will go on

Autora: Beatriz Guillén

Estaba en la habitación, escuchado la canción de “All I really want” de Alanis Morissette, sabiendo que era sábado y el lunes tenía un importante examen de matemáticas, ¡Odio las matemáticas!, tenía que ver “Música Sí” en la tele porque ella actuaba y sabía que la canción de “Ironic” la iba a interpretar.

Por esa época, tenía quince años, y mi habitación estaba empapelada con fotos de Leonardo Di Caprio, y su mítica película “Titanic”.

Me dije: Al día siguiente me pongo y repaso, hoy es sábado, y ayer el idiota de Jorge casi me da con una tiza en clase, en la cabeza ese tío no sé de qué va, pensaba.

Ya sé de qué iba me lo contó Rosa: Está por ti, y le contesté: No fastidies, pero si siempre me está chinchando, y ella me contestó: precisamente por eso ayer se lo oí decir a José Manuel y a Paco.

Si a mí no me gusta, ¡Buf! Chorradas, en tercero de la E.S.O y sin ganas de preocuparme por ese idiota, sin embargo, José Ángel estaba allí, clon de DiCaprio, rubio y de ojos azules, delgado, todas las chicas estaban por él. Yo no iba a ser menos, pero como se iba a fijar en mí, si yo llevaba una mochila roja medio roída y pintarrajeada, y una carpeta de las Spice Girls, que me regaló mi abuela el día de mi cumpleaños. Aun así pensaba que José Ángel no se concentraba con los estudios, ahí estaba sentado con su chándal del Real Madrid, y su pinta de no haber roto un plato… Lo miraba cuando nadie me veía, y en la biblioteca cuando preparábamos los exámenes finales, intentaba sentarme al lado de él, tan guapo, pero a la vez tan… tonto… no aprobaba y si no raspado.

Bueno, llegó el final de curso, “Médico de Familia” finalizaba y Marcial el celador de la consulta de Emilio Aragón, murió en la serie, fue todavía una conmoción mayor que la no victoria de Rosa de España en Eurovisión, años después. Para entonces Cristina y las populares de la clase, me hacían la zancadilla y con la única que hacía migas era con Ana, más o menos gordita y muy dicharachera (también se metían con ella).

Yo era horrible con las mates. Y como profesor, “El Manitas”, le pusimos ese apodo por que le gustaba “Art Attack” y hacia arreglillos en su chalet de Leganés, nos lo contó mientras intentamos hacer una puñetera raíz cuadrada.

Pero vamos lo mejor fue ese día en el que el lunes era el examen de mates, y yo claro ni había estudiado… y lo poco que había hecho me había ayudado mi hermano mayor de mala gana, lo sorprendente fue ver al entrar en clase a primera hora examen, la pizarra llena de fórmulas y entre ellas todas las que nos iba a aparecer en el examen y (¡Joer si lo sé ni estudio!). Llegó “El Manitas” se sentó encima de la mesa y dijo a todo el todo el mundo: Recojan sus cosas y sólo goma, lápiz y papel, y un bolígrafo, para poner sus nombres. Él no lo sabía pero toda la clase estaba descojonada de risa, ¿Qué les pasa?, ¡Venga hagan lo que les digo!, dijo él. Lo mejor es que él se sentó encima de la mesa y nosotros copiábamos a toda tensión las fórmulas escritas sobre la pizarra, ¿Qué miras Ana?… Nada… estaba pensando, dijo ella delante de la clase (Sí, sí pensando), estaba copiando como todos; nos echamos a reír; cogimos la calculadora y ahí estaban esos terribles problemas de trenes que circulaban a velocidades alocadas, de viajeros que entraban y salían y de cuantos huevos ponía una gallina a la hora, tenía que estar con el gallo copulando ¡yo que sé! Los que escribían esa serie de problemas y raíces cuadradas eran muy retorcidos y tenían un sentido del humor muy sádico.

Yo solo sabía, que mi madre iba a preparar macarrones, y que estaba deseando que dieran las 14:00 horas para irme de ese antro. José Ángel me habló por primera vez y se dirigió con unas ganas tremendas y me preguntó por el examen, yo le iba a responder pero Ana, amiga aguafiestas como siempre, me dijo: ¡Corre que no cogemos la ruta! Y era cierto, el bus partía y los alocados de mis compañeros corrían para pillar los mejores asientos, llegamos al barrio en unos quince minutos y todos los de clase repetían la jugada del examen de “El Manitas”, pero yo a lo mío, no vería a José Ángel hasta el día siguiente, pues él vivía en otro pueblo y se iba en el Cercanías que estaba al lado del Instituto, ¡Qué pena! no veré a Di Caprio hasta mañana.

Así que al día siguiente me dirigí con descaro hacia su pupitre y deseaba entablar una conversación pero me fue imposible, estaba rodeado de sus mejores amigos, y Raúl, era el peor de la clase, se dormía y era una marmota.

Así que decidí que pasaría a cuarto de la E.S.O como pudiese entre las putadas de las compañeras, pero llegó ese maravilloso día en que te quitan los braquets, ¡Dios que dolor y qué sensación de alivio todos los dientes enderezados! Llegué a clase como siempre y vi las caras sorprendidas de mis compañeros, José Ángel, aún en tercero de la E.S.O, se atrevió a decirme en el recreo que estaba guapa. No sé nada ahora de José Ángel, alias Di Caprio, (¿Se hundiría como en el Titanic o salió a flote?), pero aún me acuerdo de esas palabras que eran como si me hubiesen besado por primera vez en los labios.

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