Cerré los ojos

Autora: Mª Antonia

Cierro los ojos.

Estaba esperando una respuesta a mi despedida pero no decían nada.
El padre había dicho las frases habituales de adiós y de agradecimiento pero los niños apenas me miraron. Cuando ya me volvía, la pequeña Sara vino corriendo y sin decir una palabra me dio un abrazo largo, muy largo. No hacían falta palabras para decirme que me echaría de menos y que empezaba a entender que las despedidas eran parte de la vida. Su madre había muerto apenas seis meses antes y mi estancia con ella había sido el preludio de otro adiós.

El tren ha parado y dejo de pensar en Sara. Me acomodo en el asiento y me pregunto que estará haciendo Brian.

Recuerdo cómo me había sonreído aquel día y que no era una sonrisa alegre sino de desesperación. Supe que se estaba preguntando “que más podía hacer”. Llevaba toda la vida tratando de que Mary estuviera contenta pero ella no había dejado de ser aquella niña un poco caprichosa y dependiente que había conocido treinta años atrás.
La imposibilidad de hacerla reaccionar, de obligarla a vivir tras la muerte de esa madre con la que los dos habían convivido desde que se casaron, le había robado a Brian todas las energías y todas las esperanzas.

Nuestra diferencia de edad, de mentalidad, de vivencias, de experiencias no parecían herramientas suficientes para ayudar en algo y, sin embargo…fui capaz.

Ahora sé que, cuando me despedí de ambos, los dejé un poco mejor de lo que estaban cuando nos encontramos.

Me quedo dormida con el traqueteo del tren. En la duermevela recuerdo la visión de los que hacían parapente desde lo alto de la montaña.

Aquel día había subido con Jake y su familia. Me habían invitado porque sabían que agradecería un día al aire libre y porque me aceptaron como uno más desde el principio. Sentí la libertad que transmitían aquellos hombres que, tras la carrera, se dejaban caer al vacío sabiendo que remontarían como los pájaros. ¡La libertad!

Continúo con los ojos cerrados.

Me veo un año antes saliendo de Barajas con la frustración que me habían producido las palabras de Mercedes: “Si hagas lo que hagas te sientes una incapaz, ¿cómo vas a salir adelante?”.


Abro los ojos. El tren está llegando a Madrid y ya sé la respuesta que le voy a dar:

Nunca más”.

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