Microrrelato surrealista

Autor: Pedro Sobrevilla

Carlos habitaba en un cuadrado surrealista de seis caras que se clonaban en otras seis y sumaban doce. Había una serie de números como doce o dos, que le abrían una puerta a treinta realidades distintas surrealistas, y si salía tres u once se le abría otra puerta a quince realidades diferentes surrealistas. Por un camino infinito a un horizonte final se juntaba un triángulo de un dado de tres por cuatro veces más, igual a doce.

Carlos cayó en un vacio, representado por una melodía musical que no sonaba, pero que era cíclica y no tenía fin.

El escalón era un edificio imposible sin salida. Al mundo real no deseaba volver, vivía en el mundo de los sueños y su imaginación.

En un salto, en donde se metió en un cuadrado en forma de dado, vio su cara deformada por la realidad.

Lo que estaba escrito en su memoria era la realidad, no tenía sentido los sueños donde todo se deformaba.

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