La dimensión del agobio

Autor: Pablo Medina

Soñaba, en un estado lisonjero, en dónde yacía con su amante. Estaba muy seguro de ellos dos, seguían durmiendo y pensaba que sería para siempre, tenía su cuerpo encima, desprendía frescor, el esperaba que esa sensación de bienestar no terminara nunca.

Poco a poco la luz empezaba a entrar por la ventana de la habitación. Habían quedado en volver a verse, se intercambiarían números de teléfono. Lo que tenían que conseguir era estar siempre y en todo momento en contacto. En realidad… ¿Sabían dónde se encontraban? ¿Qué era todo aquello que como una nebulosa les rodeaba?

Se levantó semi desnuda y fue al cuarto de aseo. Él seguía dormitando. Ya arreglada se acercó a la cama para despedirse.

-Me voy, ya te veré.

-¿Seguro? ¿Cuándo?

-No te preocupes estaremos en contacto.

Quería que le dejara algo personal simplemente para recordarla, a ella, su olor personal, la noche que habían pasado juntos. Solo eso, juntos.

Él seguía en la cama con ese regusto del calor de las sábanas. No se acordaba que tenía que levantarse para ir a trabajar. Saltó de la cama, pensó que se le hacía tarde. No se encontraba bien, llamaría a la academia para avisar que llegaba tarde.

Al ir a coger el teléfono se dio cuenta de dónde estaba, todavía tenía la sensación de estar con ella, pero en realidad estaba solo y angustiado; de dónde salía él, de una cama con tibio calor y el cuerpo de ella, ahora la sensación era otra dónde estaba entrando, era sólo una dimensión. Había pasado de un estado (de somnolencia) a otro muy distinto que no conseguía identificar. Marcó el teléfono de una de las amigas de ella, no contestaban. Eso le produjo una sensación de “déjà vu”.

Ya había estado en esa situación días antes, cuando habían quedado en llamarse entre ellos, para organizar una fiesta que no ocurrió nunca y ahora estaba en la misma situación. Y volvió a marcar y seguían sin responder. ¿A quién llamar?, como podía ponerse en contacto con algún familiar, ¿en urgencias?, se encontraba verdaderamente mal, ¿le ayudarían? Entonces tuvo una imagen, de él, en concreto, se visualizaba a sí mismo frente al teléfono desesperado, pidiendo ayuda sin saber ni con quién hablaba. Esta escena quedó grabada en su mente y ya no le abandonaría. Lo que para siempre le quedaría como el sentimiento de estar en esa dimensión agobiante de la que no podría salir.

Finalmente se quedó sin aliento, volvió a la cama y se metió en ella. No era consciente de lo que hacía ni de su estado anímico. No se preocupaba del trabajo, pero pronto se daría cuenta, cuando sonara el teléfono y le llamaran del trabajo, el jefe en persona y bastante cabreado por una falta sin justificación. Entonces sí se tendría que levantar a desayunar algo a toda velocidad y salir para la oficina a dar la cara como el hombre que era. Que el adolescente que había sido en la noche con Helena, ya no lo era.

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