Estados de ánimo

Autor: Pedro Sobrevilla

La cigüeña migraba, cuando amanecía en naranja, y tocaba la campana de aquella alta iglesia. Siempre, en su viaje, recordaba que era imposible pintar como Pollock, al ritmo de la música.

Antes del vuelo, al mezclarse con la multitud, se le impregnaban todas las tonalidades de color.

Su dueño, al que dejó atrás, era un robot que se convirtió en humano, y le entró tristeza de ver cómo se diluía en un charco de colores.

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