La habitación roja

Autor: Pedro Sobrevilla

Cuando era niño, a Antonio le encantaban los colores. Simplificaba sus nombres con letras imaginarias. De entre todos ellos, en especial, le llamaba la atención el color X&, es decir, el color rojo.

Todo su universo era su habitación, y cuando dormía, toda ella, se convertía en color rojo. Cuando captaba la luz que lo despertaba, en sus alucinaciones, soñaba con ser pintor.

Cuando se distraía de sus deberes cotidianos, se le podía ver pintando en cualquier parte, pero donde más le gustaba pintar, era en las paredes de su habitación. A medida que fue creciendo, los dibujos de las paredes se sobreponían uno encima del otro. El espacio se había reducido tanto, que apenas se podía observar el mínimo detalle de cualquiera de los dibujos realizados y tan solo, se podía apreciar el color X&.

En sus momentos de crisis, su conciencia se encargaba de dividir lo real de lo irreal, en bloques de color X&. No le resultó fácil hacer amigos, en verdad no tuvo ninguno, tampoco los necesitaba. Cuando en alguna ocasión compartía un poco de tiempo con alguno de los niños del barrio, ellos, poco a poco, se iban alejando, no alcanzaban a comprender aquellas visiones, aquella música que Antonio oía en su interior, la que escuchaba, pero que en realidad, no sonaba. Se dejaba transportar por el sonido interior de su música y en alguna ocasión, le llevaba a alguna cueva, donde no tenía cabida en su interior.

Para socializarse, sus padres se empeñaron que se juntara con el que fuera, no podía estar todo el día recogido en su habitación roja. No le resultó complicado, abrazarse a la parte más débil de la sociedad y empezó a consumir alguna sustancia tóxica, que le relajaba y le permitía en sus momentos alucinógenos, hablar con los animales, en especial, con las ranas, para transportarle a un mundo fantástico.

En su mundo irreal, los barcos piratas existían, y los barcos volaban por el aire, y los cofres piratas de madera le hablaban, y le dirían que en algún futuro sería rico, pero nunca llegó a producirse. Necesitaba salir de esa irrealidad de cuevas y experimentar una esperanza hacia la luz. Harto de soportar las burlas de todo el barrio, X&, así es como al final acabaron llamándole, tuvo la más fuerte de sus crisis, y acabó siendo ingresado en un Centro de Salud Mental.

En su enfermedad, sentía el miedo a ser rechazado, a no ser admitido por la sociedad, a inventarse una realidad que no era, y que solo era la suya.

Se obsesionó con vivir o no vivir con los patrones de la sociedad, ya no tenía pesadillas de morir en un volcán, quemado por la lava.

Cuando cumplió los treinta años, medicado y controlado, se apuntó a movimientos políticos de izquierda, dejó de jugar en el bando contrario de los naipes, dejó las sustancias tóxicas, aquellas que le permitían aceptar los compañeros de viaje y soportar mejor la soledad. Fue contratado en una empresa hortofrutícola. Sus brazos se transformaron en leñosos, curtidos por el esfuerzo y el sol y conoció por primera vez el amor. Digo el amor, porque el resto de sus relaciones, era con bailarinas de saldo y esquina, con sabor a aguardiente.

Violeta, que así se llamaba, aunque era más mayor que él, supo comprender lo que necesitaba. Trabajar en el campo, le agotaba físicamente y por lo tanto, no tenía demasiado tiempo para enredarse en irrealidades.

A pesar de las idas y vueltas de su intensa vida, sólo quería tener una vida tranquila y estable sin crisis.

El sacristán del pueblo, le convenció para que tuviera fe, y dejase la mala vida, y su pasado oscuro, y luchó por tener esperanza en la recuperación.

Consiguió salir de las cuevas oscuras en las que Antonio se metió, debido a la enfermedad, esa luz de la mañana con resaca, reflejado en un espejo, que es el reflejo de la negatividad de él, ya eran cosa del pasado, ya estaba rehabilitado.

A veces, cuando pasa por un muro y contempla un grafiti, se acuerda de su X&, de sus paletas imaginarias. Aprieta la mano de Violeta y ella le devuelve el gesto. Ha dejado de ver las cosas de color rojo. Ya no quiere ser pintor.

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