Karma y queso

Autora: Estela Gómez

-Las personas solo son de color blanco azulado o rojo granate. Las de color blanco se detectan enseguida; las rodea un aura de buena energía que te traspasa y se apodera de ti, te transmiten calma, paz, bondad…, con una sola sonrisa o una mirada que te dediquen puedes darte cuenta de cómo son interiormente.

-Creo que tienes razón. Yo también he sentido eso alguna vez. Sé a lo que te refieres. ¿Y las de color rojo? ¿Son personas malas?

-No necesariamente. La sensación de rojo que se percibe de ellas bien puede ser por sus malos pensamientos o actos, tal como has intuido, pero también es de color rojo la gente que se siente herida, gente que sufre, que padece, que llora, que no puede más; gente con raspones en su alma que no consiguen hacerlos desaparecer. Gente que necesita ayuda.

-Pero entonces…, ¿cómo se distingue a alguien de mal corazón de alguien con el corazón roto?

-No se puede. Eso es lo difícil.

– ¿Y tú cómo sabes todo eso? Solo eres un ratón.

-Ahora solo soy un ratón, pero hace mucho tiempo fui humano.

– ¿Cómo que fuiste humano?

-Ahora sé que me equivoqué. Fui una persona de color rojo. Hacía y deshacía a mi antojo, jugaba con la buena voluntad de la gente que me rodeaba, que me apoyaba, que me quería. No me daba cuenta del daño que estaba causando, convertía a la gente en rojo herido. Pasaron muchos años, una mañana me desperté y, de repente, ya era ratón. Me había reencarnado en ratón. ¿No es increíble? Lloré, lloré y lloré tanto como la gente a la que había lastimado en mi otra vida. Pero las lágrimas acabaron por secarse y me di cuenta de la oportunidad que tengo ahora de cambiar mi destino y el color de mi alma.

– ¿Y por qué no te diste cuenta antes de todo esto? Quizá ahora serías una energía suave y blanca y te dejarías fluir por los lugares más bellos que existen, sin temor, sin miedos, y comiendo algo más que solo queso…

-Sí, si me hubiera dado cuenta antes… Pero estamos aquí, ahora, tenemos que disfrutarlo, de la manera que nos sea posible, y crecer interiormente para quizá hacerlo de forma exterior más adelante. Así que amigo ratón, coge tu mochila y ven conmigo. Confía en mí, ¡vamos a nivelar nuestro karma!

 

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