Pinceladas de una amistad

Autora: Sandra Castagnetto

Erase un niño que se despertaba cada mañana con mucho miedo. Quizás el aire vibrando por las hojas de los árboles del parque, quizás la sombra entre los coches de la calle a media luz, le hacían vibrar cada día al despertar temprano. Mirando a su alrededor el chico veía sombras que giraban en torno a su cabeza y le hacían estremecer.

Un día le dijo a su madre: “Mamá, mamá, esa sombra que me sigue se parece al yayo. A veces me habla y me cuenta cómo van a ser mis pasos de mayor”.

Los padres del niño estaban muy preocupados por Jaime, que así se llamaba el niño de sus ojos, ya que desde que tuvo el accidente con la bici, de eso hace ya unos meses, no parecía el mismo. Llamaba, bajaba cada mañana corriendo escaleras abajo, con su pijama a rayas verde saltando por encima del sofá, gritando: “ya vienen, ya vienen”. Los padres de Jaime decidieron llevarle al especialista.

En una sala con carteles había unos bancos de madera laminados. De fondo, una ventana roja “Thermolactyl”. Llegó a la sala Mario. Mario, que era un niño con un bastón en la mano, se guiaba por los sonidos de las voces que le susurraban, sonidos que viajaban por el aire hasta sus oídos. Se encontró con Jaime y lo primero que le vino a la cabeza fue su olor. Le vino a la mente los días de invierno junto a la cocina, aquella donde su madre preparaba la crema de lavanda y luego rociaba sus manos, aquellas que acariciaban su mejilla y su pelo, cuando le peinaba con la raya en medio. “Tengo miedo” le dijo a Mario. Este prosiguió: “La oscuridad no te va hacer daño. Cuando salgas a consulta llegarás por el pasillo estrecho que conecta con la sala. Cuando entres a la consulta, te encontrarás a mano derecha con un cuadro azul, en el centro con una mesita, dos sillas y una estantería con libros y juguetes a mano izquierda”. La habitación olía a jazmín.

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Del presentimiento

Autor: Pablo Gascón

Del presentimiento

me invaden conclusiones

que alteran situaciones,

hallazgos del momento.

Del momento hallazgos

tiemblan en la alfombra

de tenue luz de sombra

al sur del mayorazgo.

Del mayorazgo intruso

por los hombres silentes

que aguardan penitentes

el manantial confuso.

¿Quién será aquél que altivo

arrastre cien caballos

hacia el abismo sediento

de sangre y sentimiento

mil veces destructivo?

Oda a los padres primerizos

Autora: Beatriz Guillén

Ese día, yo lo supe:

me quedé embarazada

de mi niño o mi niña

que tanto tu padre como yo

tantas veces deseamos.

Mi cuerpo estaba cambiando:

mis pechos iban aumentando,

mi vientre dulcemente renacía,

era como una Venus

que de belleza resplandecía.

Muchísima alegría nos diste,

ya estabas dando patadas,

para mi algo molestas,

pero ya sabían tu papá y tu mamá

que dentro de mí tú estabas.

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Desde Barcelona, mon amour

Autor: Pablo Medina

Barcelona, mon amour.

Escúchame un momento, qué cosas le pueden llegar a pasar a uno. Te cuento: llegué a Barcelona a medianoche, tenía que cambiar el billete, a eso me dio tiempo a llegar, pero, claro, llego y no hay nadie esperándome. ¡Caray! y ¿Yoli?, aquí no espera nadie. Al punto de información: “Hola, buenas noches, ¿por favor, una cabina de teléfono?, ¿me indica? bien, muchas gracias”.

Llego, marco, tic, tic, tiquiti, suena:

-Hola, Yoli.

-Ah… Hola, ¿eres Fernando?

-Sí, soy yo, acabo de llegar, estoy en Sants. Tuve que coger el siguiente tren.

-Claro, me extrañó que no estuvieras en el del mediodía.

-¿Y cómo hacemos?, ¿qué tengo que coger para llegar a tu casa?

-Vente en metro. Línea verde, Alfonso X. Yo te voy a buscar.

-Vale, voy para allá.

Hace tanto que no la veo, ¿cómo estará?, ¿será la Yoli de siempre? Qué impaciencia. ¡Por Dios!

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El príncipe y la bruja

Autor: Gerardo Fernández Rabadán

Del fondo de las tinieblas resurgió la bruja Antrax. Su misión era arrasar el reinado del Príncipe Yosua, símbolo de paz y nobleza.

La bruja Antrax con tal de destronar al Príncipe estaba dispuesta a cualquier cosa, incluso practicar la magia negra, acompañada de su ejército de los Señores del Mal.

Sabiendo de las intenciones de la bruja, el Príncipe se reunió con sus nobles caballeros para poner fin a las perversas maniobras de Antrax , capturarla y llevarla a las mazmorras.

El Príncipe Yosua tenía muy buenas relaciones y había hecho amistad con una hija de un noble, de nombre Yasmín y era poseedora de un dragón. Una de las capacidades de Yasmín era que poseía la virtud de realizar magia blanca, capaz de enfrentarse a todo tipo de magia negra.

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Le llamaban Cristo-Jesu-Cristo. Pero el diablo dijo No

Autor: Pablo Medina

Ha pasado mucho tiempo, el suficiente como para haber borrado de su memoria la carga que desde jovencito iba asociada a su forma de vivir, a su forma de pensar, en definitiva a su forma de existir. Para remate, sus padres le pusieron de nombre Cristo.

En los años en los que el acoso y desgaste por parte de los niños del vecindario no estaba regulado, como lo está ahora, resultaba sencillo destrozar a una persona, meterse permanentemente con él y degradarle de tal forma, que al final había que estar recogiendo trozos de su estima por el suelo, como un cristal roto. Es normal que enfermara o por lo menos, que el informe médico hiciera mención en uno de sus numerosos apartados, aquellos en los que el tribunal desaconsejaba ser una persona activa o capital humano.

Con el paso de los años, Cristo o  Jesu-Cristo, como se le conocía en el barrio, había dejado de imitar la vida de los otros vecinos. Ahora vive en las grandes superficies, esas en las que los mendigos campan sin control, llevando un carrito con todos los enseres de su vida, sus tesoros más importantes.

 Ya no pide para ahorrar ni para volver a ser persona. Ya no pide para tener su casa, su familia y una vida, sin entrar a valorar si es normal o no normal. Ahora solo pide para los vicios, las dependencias, el tabaco y el alcohol; la del puesto de periódicos te cuenta que, ahora a ése y más de ese palo, los llaman Yonqui lata.

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