Desde Barcelona, mon amour

Autor: Pablo Medina

Barcelona, mon amour.

Escúchame un momento, qué cosas le pueden llegar a pasar a uno. Te cuento: llegué a Barcelona a medianoche, tenía que cambiar el billete, a eso me dio tiempo a llegar, pero, claro, llego y no hay nadie esperándome. ¡Caray! y ¿Yoli?, aquí no espera nadie. Al punto de información: “Hola, buenas noches, ¿por favor, una cabina de teléfono?, ¿me indica? bien, muchas gracias”.

Llego, marco, tic, tic, tiquiti, suena:

-Hola, Yoli.

-Ah… Hola, ¿eres Fernando?

-Sí, soy yo, acabo de llegar, estoy en Sants. Tuve que coger el siguiente tren.

-Claro, me extrañó que no estuvieras en el del mediodía.

-¿Y cómo hacemos?, ¿qué tengo que coger para llegar a tu casa?

-Vente en metro. Línea verde, Alfonso X. Yo te voy a buscar.

-Vale, voy para allá.

Hace tanto que no la veo, ¿cómo estará?, ¿será la Yoli de siempre? Qué impaciencia. ¡Por Dios!

Y este metro a ver si viene. Transportes urbanos de Barcelona, ta, ta, oigo temas de Decibelios en mi cabeza.

Alfonso X, por fin, a subir y con el equipaje.

-Hola… hola… qué bien volverte a ver.

-Hola, preciosa.

Pues hala, en dirección a casa, me comenta:

-Esto ya no es lo que tú conociste, ha cambiado muchísimo. Es una ciudad totalmente distinta.

-Claro, no esperaba menos.

Seguimos calle abajo, otra vez la música, ahora es Loquillo (el cantante de Los Trogloditas), se lo comento:

– Te acuerdas: “Y al irse la rubia me he sentido extraño, me he quedado solo, fumando un cigarro, quizás he pensado, nostalgia de ti, y desde esta curva donde estoy parado me he sorprendido mirando a tu barrio, y me han atrapado luces de ciudad”.

-Cómo no, entonces éramos unos chavales y yo era rubia, pero de bote, ja, ja, ja.

-Y yo un “rocker” de cómic del tipo Rambla.

Llegamos al portal, el ascensor no funciona y son cuatro pisos.

Ya en casa, se desprende de los bultos y ella me ofrece cenar. Se mete en la cocina a preparar un plato de pasta a la italiana. O lo que es lo mismo, espaguetis con tomate y carne molida.

Estábamos cenando cuando intento aproximarme a pocos, al trantrán que es su línea y cerca y más cerca; es esa manera de contarlo “mejor cuanto más cerca” que señalan los publicistas. Ya estoy casi pegado a su cara y… suena el teléfono.

-Perdona, sigue tú sin mí.

Descuelgo: “Hola, mamá”.

-Es mi madre.

Y yo, como se suele decir, compuesto y sin novia.

Oye, y que tiene que pasar siempre esto, siempre lo mismo. Si sale hasta en las películas. Es la canción eterna.

Y después de una hora de conversación se ha hecho muy tarde y yo estoy cansado.

Esto es la mala suerte que acompaña a la gente insegura de sí misma. Se sabe que si se quiere conseguir algo tiene que ser a la primera y si no, pues calentón “frustrao” y a la cama.

Me dirijo a mí mismo: “La próxima vez, Fernando, salta como un tigre a por tu presa, en vez de hacer el cantamañanas”.

Madrid, 1 de junio de 2016. Pensando en Barcelona.

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