Oda a los padres primerizos

Autora: Beatriz Guillén

Ese día, yo lo supe:

me quedé embarazada

de mi niño o mi niña

que tanto tu padre como yo

tantas veces deseamos.

Mi cuerpo estaba cambiando:

mis pechos iban aumentando,

mi vientre dulcemente renacía,

era como una Venus

que de belleza resplandecía.

Muchísima alegría nos diste,

ya estabas dando patadas,

para mi algo molestas,

pero ya sabían tu papá y tu mamá

que dentro de mí tú estabas.

A la pronta espera de tu pequeña compañía.

Fue en el momento de tu nacimiento

cuando fuimos al hospital

y los médicos y enfermeras

se pusieron todos, por fin, en movimiento.

Entré, asustada y con miedo,

al quirófano de la maternidad

pero tú papá cogía mi mano

y eso me calmaba más.

Primero: me desnudaron.

Empecé a empujar

de los impulsos agudos

que sentía tu mamá.

Me pusieron una bata,

después: la epidural.

Los dolores se calmaron

y con fuerza naciste ya.

Saliste entre dolores

por la mañana temprano.

Bienvenido al mundo, amor mío,

agárrate fuerte de nuestras manos.

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