Carta a mi madre

Autor: Gerardo Fernández

Querida madre,

Supongo que como todas las madres, para mí siempre has sido una persona muy especial, a lo largo de toda mi vida, jamás de conocido una persona tan luchadora y valiente como tú lo has hecho por mí.

Papá falleció hace 20 años, desde entonces vivimos solos los dos, nos apoyamos mutuamente de una forma incondicional.

Sin embargo, cuando era joven, como no tenía trabajo tuve que agarrarme a lo que fuese. Una vez me fui a vendimiar a Francia pues los jornales estaban más altos que aquí. El trabajo que me salía era temporal. En el mismo campo de trabajo me comentaron que en Holanda estaban ahora con la recolección de los tulipanes así que allí me fui.

Cuando acabé me fui a Noruega, allí me alisté a la tripulación de un barco como cocinero. El barco iba destino hacia América de Sur, yo me baje en Honduras con mi macuto a cuestas, me adentré en la selva. Allí llegué a un poblado, me recibieron bien, me hicieron pasar a una choza donde bellas señoritas me trajeron de comer y de beber. Poco a poco fui entablando amistades sin darme casi ni cuenta me enamoré de Yazmín. Íbamos los dos a pescar algún pescadito en una barquichuela hecha de caña de bambú y empecé a dudar que vida era mejor, si la de Madrid o la del poblado. Aquí no existían ni las prisas ni el agobio, tampoco los malos rollos. Pasé dos meses en el poblado hasta que un día me levanté, cogí el macuto y puse rumbo a Madrid, pues quería verte.

Sigue leyendo

Anuncios

Pueblo, placeres, recreo rural

Autor: Pablo Medina

Lo de tener pueblo de familia es un topicazo. En mi familia en concreto, pasó por ser una manera de relajo semanal de fin de semana. El viernes por la tarde, al llegar, lo primero era irse de juerga. Antes de acostarse, cervezas, banderillas, vuelta a casa, la cena y a la cama.

Mi padre tenía el chalet, también llamado “hotelito” cotidianamente, en la Urbanización el Paraíso, a cuatro kilómetros de Valdemorillo, carretera dirección a El Escorial, en concreto a cuarenta y siete kilómetros de Madrid.

Al día siguiente, vida en familia por la mañana. Lo primero, los padres se iban con el coche al pueblo, al super Bravo. Tenía las secciones de carnicería, el pan y se encontraba en el centro del pueblo. En el super se compraba todo lo necesario. Lo siguiente, el aperitivo. Para los padres unas cañas y para nosotros, refrescos y alguna tapita.

Podría hasta recordar sensaciones, olores, momentos familiares, la buena vida. Entonces existía la fraternidad entre la familia. Me gustaría de alguna forma transportarme y, a quién lea esto, a aquellos momentos, sobre todo, el recuerdo de imágenes que solo yo tengo en la mente. Y que no resultan fáciles de representar, sea por escrito, fotografiado o pintado. Incluyo en esto, los buenos y malos momentos como en cualquier familia con sus roces.

Sigue leyendo