El Busto

Autores: Taller de Narrativa de Solidarios

Son las tres de la tarde. Suena la música del telediario de la primera cadena. En su titular, aparece un reportero en el barrio de Vallecas, quien, micrófono en mano, comenta:

“La pared sucia y semiderruida del solar frente a la iglesia mayor se ha convertido en noticia cuando, esta mañana, ha aparecido pintada. Durante la noche, se ha transformado en la imagen de una mujer asomada a la ventana recogiendo las flores de su propio balcón. La imagen es tan perfecta, tan sugerente y tan llena de delicadeza que todo el mundo en la ciudad ha acudido a verla preguntándose quién la habría pintado, qué artista anónimo había sido capaz de hacer algo tan perfecto.”

La noticia se coló como un gélido viento en el comedor donde Sabrina y su padre estaban terminando de comer. Ella hizo una mueca torciendo la boca y esbozó una pícara sonrisa. Era domingo, el único día en que ambos podrían estar juntos y compartir el escaso tiempo que Roberto, su padre, era capaz de dedicar a su hija.

Sabrina llamaba la atención por el bello contraste entre su tez lechosa y su cabello color dorado. Solía ser una mujer risueña, alegre, tímida y creativa. Aquella noticia sobre la pared pintada había movido en ella ese pequeño atisbo de alegría infantil y pasional que solo le surgía cuando estaba en contacto con sus creaciones, con su materia plástica favorita: la plastilina.

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La Gran Partida

Autor: Kepa Vadillo

Como cada año por estas fechas, coincidiendo con los Sanfermines, en un pequeño pueblo vizcaíno que besa el mar, se celebra el XXXV Campeonato Nacional de Mus. Se trata de un pueblo muy arraigado a sus costumbres, con gente muy campechana y muy dada a la participación en cualquier competición que se precie.

Las habitaciones del hotel Ategorria se encontraban reservadas con meses de anticipación, no hay ninguna disponible. El campeonato es de tal magnitud que atrae a todo tipo de visitantes, a curiosos y por supuesto a los profesionales del juego.

La concentración de jugadores y sus acompañantes llenan las calles formando pequeños grupos, fundidos en una mezcolanza de colores, unas veces corporativos, con adornos o símbolos representativos de los pueblos cercanos, otros, pertenecientes a ciudades españolas y de países generalmente europeos. Con sus banderas, pendones, sus distintivos o insignias que identifican la zona de procedencia, atraídos sin lugar a dudas, por la generosidad del premio, el calor y amabilidad de los lugareños y cómo no, por lo bien que se come un buen bacalao a la vizcaína en esa localidad. Como siempre, acompañados por las bandas de música de las diferentes localidades que se concentran en la plaza consistorial y se reparten el templete por turnos para darle solemnidad.

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Viaje a Marruecos

Autor: Gerardo Rabadán

Cuando era más joven y tenía alrededor de los 20 años, en mis tiempos de mozo, hice un viaje a Marruecos con mi amigo Félix.

Como andábamos escasos de dinero, nuestra ruta fue poco convencional. Lo primero que hicimos fue bajar a Algeciras en tren. Nos subimos a un vagón que transportaba coches y recuerdo que cada vez que pasábamos por una estación, nos tumbábamos para no ser descubiertos.

Nuestra segunda parada era Ceuta. Así que cuando llegamos a Algeciras, cogimos un Ferry que nos cruzó hasta allí. En Ceuta, la gente nos decía que aquello era tierra de nadie y que todos iban de paso. Otros comentaban que cuando ya empezaban a conocer a la gente, era justo cuando se tenían que marchar. Félix y yo también íbamos de paso, así que nos acercamos a la frontera con Marruecos y tratamos de contratar un precio con el taxi. Ellos son muy regateadores y hasta que aquello no se vació, no nos bajaron la tarifa. Eso funciona así: el precio se acuerda antes y los taxistas a veces van cogiendo gente por el camino.

Entramos por Tetuán y nos dimos cuenta que la gente iba muy tapada, y que todos querían ser nuestros guías. Como, en definitiva, lo que buscaban era dinero, Félix y yo decidimos coger un autobús que nos dejó en un pueblo llamado Bab Berred, rodeado de montañas.

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