Tita

Autor: Kepa Vadillo

30 de septiembre de 2018

Amenazaba tormenta esa tarde. Por ese motivo, anticipamos nuestro paseo por los pinares del Cerro de Almodóvar y volvimos antes de tiempo a casa. El cielo cada vez estaba más cerrado. Al abrir la cancela que separa la puerta de acceso de entrada de la principal, en la terraza, nos encontramos a Tita, nuestra vecina del sexto, hablando con dos vecinas jovencitas de unos dieciséis o diecisiete años.

Cruzamos nuestras miradas con ellas y a través de las expresiones de sus caras, esa parte activa de nuestra comunicación no verbal, nos pedían por favor a gritos, como una especie de auxilio, la necesidad de ser rescatadas de aquella conversación mantenida con Tita, sin apariencia de realidad alguna.

Buenas tardes, Tita, chicas… expresamos al unísono.

Buenas tardes –contestaron cada una de ellas.

Tita, siempre tan elegante, con gran gusto a la hora de vestir –dije, en tono cariñoso, con voz pausada.

Tita, no sale a pasear sin un bastón, sin su bolso de marca y sin arreglarse o pintarse debidamente. Siempre muestra una elegancia natural envidiable. En sus tiempos mozos tuvo que ser una mujer muy guapa y glamurosa. Tiene la necesidad imperiosa de salir a la calle, de pasear, relacionarse con los vecinos. La casa le ahoga, como cuando tose por sus ataques permanentes de asma.

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Reflejos

Autor: Pedro Sobrevilla

Había una vez un sol naranja, casi bermellón, que todos los días al amanecer, le despertaba la noche. Querría parecerse a una mancha de pintura: entintada, animada y coloreada; la luz naranja pintaba sobre el mar reflejos de colores verdes; las barcas de madera, absorbían el color azul impresionista del cielo.

El marinero y su barco se iban pareciendo más a una sombra negra; cuando más se alejaban hacia alta mar, les absorbía el color negro intenso de la noche, y no podían ver el amanecer diurno e impresionista.

Los trazos luchaban por no borrarse del cuadro y llegar solo a ser unos simples bocetos.

El cielo se teñía de color naranja, y la firma del pintor, se veía borrosa y desenfocada. No pudo cobrar vida, porque se estaba desvaneciendo y fundiendo en negro.

Pero no desapareció; todo, empezó a encadenarse, y convertirse en reflejos que parecían reales; aunque la realidad, es que eran reflejos del sol plasmados en la superficie, azul intenso, del agua del mar.

La primera vez que…

Autora: Montserrat Yusta Pascual

La primera vez que me emocioné con el “recuerdo de mi abuelo…”:

Todavía me acuerdo de su rostro, han pasado ya muchos años pero su imagen vive en mí, y más allá, en lo más profundo de mi corazón.

Lo recuerdo, su cara sonriente, de gesto pacífico y mirada tranquila y serena. Sus arrugas por el paso del tiempo indicaban una clara vejez. Recuerdo (creo) sus manos considerables, típicas de un hombre y muy trabajadas debido al oficio que desempeñó desde muy joven.

Recuerdo muy claramente su voz, una voz pausada y fuerte, altamente sonora. Ese recuerdo sigue siendo vívido.

Su memoria al cabo del tiempo, muchos años después de su fallecimiento, va poco a poco quedándose en mi diario; en el cual, hice una pausa y lo continué como si mi abuelo viviese todavía.

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Opus Meum

Autor: Kiumars Briz

ACTO 1

Entrevista con el Director

INICIO DE ESCENA

La puerta se abre de pronto. Klara se sobresalta un poco.

A.E.1– [ES2] ¿Klara Ackermann (prov.3)? Desde el despacho. Con voz serena pero firme.

K.4– [DE5] ¡Sí! Con voz un tanto tambaleante.

A.E.- Pase por favor.

Klara se levanta y se dirige a la puerta. Echa un vistazo al despacho. Primer contacto visual.

A.E.- ¿Me hace el favor de cerrar la puerta señorita? Tono más amable.

K.- Claro. Cierra la puerta. Echa otro vistazo al despacho mientras se dirige al escritorio.

A.E.- Gracias. Muy buenas, me llamo Kiumars Briz, un placer. Entra en juego la gesticulación: él esboza sonrisa y le da la mano.

K.- Encantada. Sonríe, mientras le devuelve el gesto.

A.E.- Siéntese por favor.

K.- Sí. Se sienta. Deja su bolso en su regazo y sus brazos sobre sus piernas. Disculpe ¿Cómo se pronuncia su nombre? Mientras frunce el ceño. Es que, me lo han nombrado y lo he leído alguna vez, pero no lo acabo de coger.

A.E.- [DE] Kiumars (//6). Pero no se preocupe, estoy más que acostumbrado a que la gente me llame de todo. Durante los primeros días, las primeras semanas, los primeros meses… Pone cara rara. Incluso los primeros años. Es por eso que prefiero que me llame Kiu, es más fácil para todo el mundo. Mientras ríe sensiblemente.

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