Opus Meum

Autor: Kiumars Briz

ACTO 1

Entrevista con el Director

INICIO DE ESCENA

La puerta se abre de pronto. Klara se sobresalta un poco.

A.E.1– [ES2] ¿Klara Ackermann (prov.3)? Desde el despacho. Con voz serena pero firme.

K.4– [DE5] ¡Sí! Con voz un tanto tambaleante.

A.E.- Pase por favor.

Klara se levanta y se dirige a la puerta. Echa un vistazo al despacho. Primer contacto visual.

A.E.- ¿Me hace el favor de cerrar la puerta señorita? Tono más amable.

K.- Claro. Cierra la puerta. Echa otro vistazo al despacho mientras se dirige al escritorio.

A.E.- Gracias. Muy buenas, me llamo Kiumars Briz, un placer. Entra en juego la gesticulación: él esboza sonrisa y le da la mano.

K.- Encantada. Sonríe, mientras le devuelve el gesto.

A.E.- Siéntese por favor.

K.- Sí. Se sienta. Deja su bolso en su regazo y sus brazos sobre sus piernas. Disculpe ¿Cómo se pronuncia su nombre? Mientras frunce el ceño. Es que, me lo han nombrado y lo he leído alguna vez, pero no lo acabo de coger.

A.E.- [DE] Kiumars (//6). Pero no se preocupe, estoy más que acostumbrado a que la gente me llame de todo. Durante los primeros días, las primeras semanas, los primeros meses… Pone cara rara. Incluso los primeros años. Es por eso que prefiero que me llame Kiu, es más fácil para todo el mundo. Mientras ríe sensiblemente.

K.- De acuerdo. Kiu. Un nombre muy original.

A.E.- Para usted desde luego.

K.- Sí. No abunda en Europa. Sonríe.

A.E.- Gracias igualmente.

K.- ¿Habla usted alemán? Sorprendida pero alegre. Aún no está acostumbrada a que en el Paraíso puedan entenderla a ella y viceversa, sea cual sea el idioma.

A.E.- Sí. Es un idioma que me gusta mucho. Aunque he de decirle que me costó horrores aprenderlo. Mientras sonríe tímidamente.

K.- Es porque es un idioma muy metafórico y formulario.

A.E.- Cierto. Bien, para empezar, me gustaría que dejara de tratarme de usted, lo detesto y me hace sentir viejo. Mientras sonríe y frunce el ceño.

K.- Como quiera. ¡Perdón! Como quieras. Sonrisa nerviosa.

A.E.- Está bien. Vuelve al gesto serio. Bueno. Como sabrá, soy el Director de las Orquestas y Coros Universales o Universitarios, es igual. En concreto, me dedico a dirigir personalmente la Gran Orquesta Sinfónica Universal/Universitaria u Orquesta Sinfónica Profesional Universal/Universitaria, en primer lugar; y, de vez en cuando, también dirijo en persona a la Joven Orquesta Sinfónica Universal/Universitaria u Orquesta Sinfónica Juvenil Universal/Universitaria. Diciéndolo del tirón y sin apenas respirar. O como las solemos llamar aquí, La Pro y La Joven respectivamente. Mientras ríe brevemente.

K.- Mm…Vale. Con mirada perpleja y sonrisa forzada.

A.E.- La dirección presencial de los Coros se la delego a una compañera profesional y de confianza, la Signora Bartoli. Aunque, claro está que, en numerosas ocasiones solemos coordinarnos para dirigir conjuntamente determinados conciertos que integren instrumentos y voces. Así mismo, la supervisión directa de las demás orquestas y coros “menores” –con gesticulación de comillas- y de los grupos de solistas de La Universidad se las encargo a otros colegas, a los que irá conociendo. Todos ellos, por supuesto, sobradamente cualificados.

K.- ¡Oh! Interesante. Sí claro. Supongo que iré conociéndolos. Actitud atenta.

A.E.- Perfecto. Pero vayamos a lo que nos atañe. De entre los archivos de su escritorio, tarareando, saca una fina carpeta llena de documentos. Empieza a repasarlos. He ojeado su expediente. Simplemente brillante. Mira a Klara fugazmente.

Ella sonríe de oreja a oreja.

A.E.- De las más sobresalientes de sus respectivas promociones. Principalmente en violín, pero también en piano y en coro. Unos cuantos premios y distinciones, tanto a nivel individual como compartidos. En Alemania y en algún otro país. Cierra la carpeta dejando el pulgar derecho en mitad de la misma. Dígame, ¿por qué el violín, el piano y el canto?

Klara, a punto de hablar, es interrumpida por Kiu.

A.E.- Según estos documentos usted empezó a hacer música a los cinco años. Echa un vistazo rápido al expediente. O mejor dicho, empezó a ir a clases a los seis años. A los cinco tocó por primera vez el piano. Vuelve a cerrar la carpeta.

K.- Sí.

A.E.- Curioso, ¿no? Porque su especialidad es el violín.

K.- Sí. Bueno, mi madre tocaba el piano. Fue ella la que me introdujo en la Música. Se le pierde la mirada momentáneamente, recordando a su madre.

A.E.- Aha.

K.- En realidad, toda mi familia. Y siempre me han apoyado en ello. Y mis amigas y amigos también. Y aunque es verdad que empecé con el piano, acabé enamorándome del violín.

A.E.- Entiendo.

K.- A ver, el piano me encanta, ¿sabes? Pero no he llegado a apasionarme tanto con él como lo he hecho con el violín.

A.E.- Perfectamente comprensible. Suele pasar entre aquellos músicos que se dedican a varios instrumentos.

K.- Sí.

A.E.- ¿Y el coro?

K.- Eso fue porque tuve una etapa en que era cristiana muy practicante. Iba a misa y demás parafernalia. Carraspea. Católica.

Kiu pone cara rara.

K.- Y me acabé metiendo en el coro de mi parroquia a los… ¿nueve, diez años? Piensa por un segundo. A los diez. Estuve unos 4 años. Hasta que decidí especializarme en violín y, claro, tenía que dedicarle más tiempo. Y porque dejé de ser practicante en aquella época. O mejor dicho, católica, puesto que nunca dejé de creer en Dios y en Jesús. Descubrí que el catolicismo, y en general, las demás principales vertientes cristianas, se alejan bastante de aquello. O por lo menos así era en mi ámbito. Yo crecí entre burgueses y clase media acomodada. Bastante acomodada a decir verdad.

A.E.- Ya. Qué me va a contar…Con gesto despectivo. Perdone, también le quería preguntar sobre eso último. Porque me llama la atención que, viniendo de una familia de burgueses, su apellido sea Ackermann, que, si no recuerdo mal, es la palabra para agricultor o labrador en alemán antiguo7. Gesto expectante.

K.- ¡Oh vaya! Veo que está enterado del asunto. Sorprendida.

A.E.- La antroponimia es una disciplina que siempre me ha gustado. Sonríe.

K.- Pues tú mismo lo has dicho, es en antiguo alemán. Muchos Ackermann con el tiempo y por varias razones dejaron el campesinado y pasaron a ser burgueses, e incluso nobles en algunos casos. Sobre todo en Inglaterra y Escocia, que es de donde viene el apellido, pero también en Alemania8.

A.E.- Aha.

K.- Y hablando de campesinado, antes he sido un poco injusta. Porque, tanto la gente pobre o marginada como el bajo clero no suelen vivir ni practicar el cristianismo de igual manera que lo hace la gente rica y poderosa.

A.E.- Bueno, pero eso siempre ha sido así señorita. No hay nada nuevo bajo el sol en ese sentido.

K.- Por desgracia. Se muestra apenada. Su humildad hace más honor al espíritu cristiano, por lo general, que los demás estamentos sociales.

A.E.- Desde luego…

Klara interrumpe a Kiu.

K.- Y perdona, ¿tu nombre de dónde era? Porque creo que tenía un origen o una mezcla particular.

A.E.- De Persia9. Si no le importa, me gustaría continuar con el asunto que nos ocupa.

K.- Sí, perdona. Solo quería recordarlo.

A.E.- Me urge un poco. Y además ese tipo de información puede encontrarla en cualquier punto de información de La Universidad, de La Biblioteca…Gesticulando con la mano derecha.

K.- Vale.

A.E.- Gracias. Retoma gesto serio. Cuestiones onomásticas aparte, ¿sabe usted por qué le hago esta entrevista?

K.- Bueno, vine aquí porque quería retomar mis estudios musicales. Y me interesó realmente la oferta de esta institución.

A.E.- Por cierto, perdone, ¿a qué grupo aspiraba usted a presentarse?

K.- A la…Orquesta Juvenil era, ¿no?

A.E.- A La Joven.

K.- ¡Eso!

A.E.- Se habrá informado bien acerca de su estructura y metodología ¿no?

K.- ¡Sí! Por eso la escogí.

A.E.- Perfecto. Además, creo que es la opción más indicada para usted, dado su experiencia e interés en –abre de nuevo la carpeta- orquesta sinfónica y su estado académico actual. La cierra.

K.- Sí, gracias. Retoma el tema anterior mediante un gesto facial. Y… supongo que mi expediente académico ayuda, ¿no? Con sonrisa nerviosa.

A.E.- Efectivamente. Asintiendo con la cabeza. Fija su mirada en Klara. Usted, señorita Ackermann, ha demostrado, en primer lugar, aptitud, ganas, entrega total hacia la Música, ¡pasión! Gesticulando vivazmente.

Klara se sonroja.

A.E.- Y en segundo lugar, y de manera consecuente, que tiene futuro en Ella. Y muy bueno de hecho.

K.- ¡Oh! ¡Se lo agradezco!… quiero decir… ¡te lo agradezco sinceramente! Se muestra entusiasmada.

A.E.- Si le hago esta entrevista es porque solo acepto en esta institución a la crème de la crème de la Música del Paraíso. Y efectivamente, su expediente ayuda, y mucho.

K.- ¡Muchas gracias!

A.E.- Desde luego lo hace, –abre la carpeta nuevamente- al menos, entre los años 1930 y 1935. Frunce el ceño de pronto. Carraspea. Sin embargo, me llama la atención el vacío que hay entre este último año y 1937, en el cual su nombre vuelve a aparecer en esta clase de registros académicos, hasta el año 1940.Y aquí acaba su expediente. Cerrando la carpeta, levanta la vista y mira expectante a Klara. ¿Puede explicarme qué ocurrió?

El gesto de Klara cambia: suspira profundamente, irguiendo su cabeza y cerrando los ojos. Se muestra disgustada.

K.- Ya…perdone, pero…perdona, pero no me gustaría tener que hablar de eso.

Kiu se muestra momentáneamente confundido aunque pronto se vuelve comprensivo.

A.E.- ¡Oh! Espere, ¿fue algo desagradable?

Klara asiente.

A.E.- Lamento mi intromisión…

K.- No. No importa. Sonríe forzadamente.

A.E.- Solo quería…saber el porqué.

K.- A ver…Calla por un momento. Parpadea, titubea y suspira.

A.E.- No tiene porque contármelo si…

K.- No. Estuve en la cárcel y…

Kiu frunce el ceño.

K.- Pasaron cosas en mi familia y con mis amigos…

A.E.- Vale. Alto. Levanta ligeramente las palmas de sus manos.

K.- Fueron momentos difíciles…

A.E.- ¡Ya está, señorita! Sube ligeramente el tono. No tiene porque contarme más. Gesto conciliador. Rebaja el tono. Lo pasado, pasado está.

Klara suspira de nuevo. Se calma y sonríe.

K.- Tienes razón. Perdona.

Kiu niega con la cabeza.

A.E.- Ruego me disculpe por este momento incómodo. Esto me pasa por no mirar antes su biografía. Mientras guarda la carpeta.

Klara se sorprende.

K.- ¿Mi biografía?

A.E.- Sí. Su biografía. Mira detenidamente a Klara por un momento. Imaginaba que, al tener usted la posibilidad de saber de mi vida y mi carrera profesional, antes de tan siquiera vernos, supondría que yo podría hacer lo propio. Tanto con usted como con el resto de músicos aspirantes a esta magna institución.

K.- Es que nadie me ha dicho nada de que haya una biografía mía por ahí.

Kiu se extraña.

A.E.- ¿No?

Klara niega con la cabeza.

A.E.- Pues debieron informarle. O a lo mejor usted no prestó atención a quien se lo hubiera dicho.

K.- Puede ser… Pone cara rara. Si es que llevo muy poco tiempo aquí. Soy una recién llegada como quien dice.

A.E.- ¿Cuánto tiempo lleva usted aquí?

K.- Pues…Piensa por un momento. Llevo como unas dos semanas. Más o menos.

A.E.- Es raro que no haya sido informada.

Klara se encoge de hombros.

A.E.- Pero bueno, ahora usted ya lo sabe.

K.- Agradezco que me lo hayas dicho. Mientras esboza sonrisa.

A.E.- No hay de qué. De todas formas usted me ha dicho antes que algo ha leído o le han hablado sobre mí previamente, ¿no?

K.- Sí. Algunas personas me contaron. Y también leí algo a través de la publicidad. ¡Y en La Biblioteca! De pronto, su semblante se vuelve exultante. ¡Por Dios! ¡Qué edificio más maravilloso y espectacular! Del poco tiempo que llevo aquí, es lo que más me ha impresionado con diferencia.

A.E.- ¿Lectora empedernida?

K.- ¡Sí! ¿Se me nota?

A.E.- Sus ojos brillaron cuando nombró La Biblioteca.

K.- ¿Pero de verdad todo el saber de la Humanidad está allí?

A.E.- No solo el saber, señorita. Cualquier cosa escrita sobre cualquier material a lo largo de toda la Historia de la Humanidad se encuentra allí. Da igual que se trate de “La crítica de la razón pura” de Kant, de bulas papales, del “Ramayana, del Código de Hammurabi”, de una aleya esculpida en el capitel de una columna de alguna mezquita, del diario de una persona cualquiera, o de una carta escrita por algún soldado a su familia en la Gran Guerra. Hasta el “Mein Kampf” se encuentra allí. Con gesto burlón.

Klara pone cara seria.

K.- Em… ¿lo dices en serio?

A.E.- Sí. Riendo.

Klara pone cara de asco.

Kiu suelta una pequeña carcajada. Se calma.

K.- ¡Oh! Pero entonces… ¿mi diario y mis cartas también se podrían encontrar allí? Con sorpresa

A.E.- Seguramente.

Klara se tapa la boca con una mano. Kiu hace un gesto para calmarla.

A.E.- Pero esté tranquila, señorita, porque dependiendo de qué escritos se traten, sus autores pueden reclamar que solo sean vistos con autorización previa de estos. Usted como ciudadana del Paraíso, tiene el derecho de preservar cierto grado de intimidad y honor.

K.- ¡Ah! Menos mal.

A.E.- Y tratándose de una recién llegada, como usted dice, sus escritos personales no pueden ser leídos aún por nadie salvo usted.

K.- Muchas gracias, es bueno saberlo. Sonríe.

A.E.- Pues eso. En cuanto vuelva a casa, miraré su biografía.

K.- Vale. Perdone ¡Perdona! Por preguntar tanto pero… ¿no habrá detalles escabrosos y explícitos de mi vida verdad?

A.E.- No. Será como las que encuentre en los libros sobre personajes históricos. Que a no ser que lo explícito y escabroso sea el leitmotiv vital de tal o cual personaje, no se señala. De todas formas, si usted viera o considerase que en su biografía salen cosas que no son de su agrado, siempre puede pedir que se hagan los cambios pertinentes.

K.- De acuerdo. Pero… ¿quién o quiénes escriben las biografías de los habitantes del Paraíso? O por lo menos, las de la gente corriente como yo.

A.E.- Verá, cuando lea su biografía, al final siempre tiene que haber un apartado que indique el nombre, o nombres, de la, o las personas y el cómo la hayan redactado. En mi caso, fueron tres personas las que compusieron, y componen de hecho, mi biografía, porque se actualiza constantemente. La suya y la de todos. Y en un momento dado, las reuní a todas para charlar y conocernos. Y resulta que son personas muy majas. A parte de que es una experiencia muy curiosa.

K.- ¡Vaya! ¡Ya lo creo, y tanto! Es una manera muy especial de conocer gente. Entusiasmada.

A.E.- Sí. Saca un reloj de bolsillo y mira la hora. Bueno, señorita. Creo que ya va siendo hora de concluir esta entrevista, se me ha hecho un poco tarde.

K.- ¡Oh! Vale. Está bien.

Kiu primero y luego Klara se levantan. Kiu apaga la luz.

A.E.- Entonces ya sabe qué hacer para ingresar en la orquesta, ¿no?

K.- Sí, lo leí.

A.E.- Inscripción, selección para la bolsa de finalistas, selección para la bolsa de la orquesta y, si entra como preferente, demostrar qué posición merece en ella. Mientras enumera con los dedos de la mano.

K.- Sí.

Salen del despacho. Kiu cierra la puerta

A.E.- De todas formas, si usted tuviera alguna duda, puede consultar en cualquier punto de información de La Universidad, de la Biblioteca o del Paraíso en general. O a través de su dispositivo personal.

K.- Entiendo. Aunque aún no me hecho con él. Sonríe, mientras saca el suyo para ojearlo momentaneamente. Pero gracias igualmente.

A.E.- Es usted muy buena en lo suyo, pero ha de saber que, tanto el violín como el piano, son de los instrumentos en los que más competencia hay. Seguramente se haya hecho ya a la idea.

K.- Sí. Suspira. Aun así, haré lo posible para llegar al menos a la bolsa de la orquesta.

A.E.- Bien. Esa es la actitud. Le saca el pulgar derecho hacia arriba. ¿Por dónde ha venido?

K.- Em…por la recepción. Señalándola.

A.E.- Vale. Yo me voy por el otro lado. Le ofrece la mano. Un placer, señorita Ackermann.

K.- Igualmente. Devolviéndole el gesto y sonriendo.

A.E.- Espero verla de nuevo. Bienvenida al Paraíso.

K.- Gracias. Aunque aún no sé cómo ni por qué llegué aquí. Lo único que sé, es que si ahora estoy aquí contigo, es porque tengo unas ganas terribles de volver a hacer Música, y, por lo tanto, de rehacer mi vida como pueda. O de empezar una nueva.

A.E.- No se preocupe señorita. Créame, acabará haciéndose su lugar y encontrando respuestas. Poco a poco. Mientras posa su mano derecha en el hombro izquierdo de Klara.

K.- Eso espero. Gracias.

Kiu mira momentáneamente a Klara. Saca un folleto de uno de sus bolsillos.

A.E.- Tome.

K.- ¿Qué es?

A.E.- Mire, no sé de qué forma llegó al Paraíso, pero ya me dejó entrever que no fue de buena manera.

Klara le mira seria.

A.E.- El Estado10 tiene programas específicos para recién llegados como usted. No tenga prisa por acceder a la Orquesta o retomar sus estudios. Hay pruebas de acceso cada seis meses. Tómese un tiempo para organizar sus asuntos mínimamente. Libere tensiones. Empiece por conocer el Paraíso, sus lugares, su gente, otros estudiantes. Viaje. O tómese un año sabático. Duerma más, o menos, de lo que esté acostumbrada. Ría. Escriba. Lea. O eche un polvo, o los que quiera.

Klara le mira sorprendida por esto último.

A.E.- Haga Música si es lo que más desea, pero retómela sin tener que comprometerse académicamente por ahora. No hay prisa.

Klara suspira ligeramente y vuelve a sonreír.

K.- Muchas gracias de verdad.

A.E.- Ahora sí que tengo que dejarla señorita. Mientras se da la vuelta.

K.- Vale. Hasta pronto.

A.E.- [ES] Adiós. Sale andando deprisa.

Klara anda en dirección a la recepción. Sale por la puerta.

FIN DE ESCENA

1 Alter Ego.

2 Castellano (de España).

3 Apellido provisional.

4 Klara.

5 Alemán.

6 Símbolo de la pronunciación.

7 Reseña antroponímica a verificar.

8 Reseña histórica a verificar.

9 La actual R. I. de Irán se conocía en aquella época como Persia (Reino de).

10 El Paraíso funciona como un solo Estado (o Macroestado).

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