Reflejos

Autor: Pedro Sobrevilla

Había una vez un sol naranja, casi bermellón, que todos los días al amanecer, le despertaba la noche. Querría parecerse a una mancha de pintura: entintada, animada y coloreada; la luz naranja pintaba sobre el mar reflejos de colores verdes; las barcas de madera, absorbían el color azul impresionista del cielo.

El marinero y su barco se iban pareciendo más a una sombra negra; cuando más se alejaban hacia alta mar, les absorbía el color negro intenso de la noche, y no podían ver el amanecer diurno e impresionista.

Los trazos luchaban por no borrarse del cuadro y llegar solo a ser unos simples bocetos.

El cielo se teñía de color naranja, y la firma del pintor, se veía borrosa y desenfocada. No pudo cobrar vida, porque se estaba desvaneciendo y fundiendo en negro.

Pero no desapareció; todo, empezó a encadenarse, y convertirse en reflejos que parecían reales; aunque la realidad, es que eran reflejos del sol plasmados en la superficie, azul intenso, del agua del mar.

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