Mejores amigos

Autora: Montserrat Yusta Pascual

Elena contaba con doce años, su larga melena rubia natural y fina le daba un toque especial.

Dada su enorme profundidad, casi siempre se dejaba llevar por sus emociones, hasta el punto de afectar a su salud, a su estado anímico.

Su hermano, Juan, le aconsejaba lo mejor posible, y le protegía.

A pesar de acudir a diferentes escuelas, Juan acostumbraba a buscar a su hermana en la salida, de su colegio; un edificio de dos plantas, con cuatro clases por curso, Secretaría de Alumnos y, en la puerta principal, un conserje, como en casi todos.

Debido a la gran timidez de Elena, sus compañeros abusaban de esta limitación, y se reían, o por lo menos, eso era lo que pretendían en el día a día.

Daba igual el lugar, ya fuese en la clase, en el patio o en los vestuarios del colegio, porque todos ellos la arrinconaban y la insultaban: que si era fea, que si no sabía vestir… y demás.

Una tarde, en su salida del cole, llegó llorando a su casa. Juan no soportaba lo que hacían con ella, le dolía en el alma cuando se lo contaba, y por ello le hacía saber, que tenía que aprender a defenderse. Por eso, conversó con ella ese mismo día durante un largo rato.

Ambos tomaron la decisión, tras varios días de charla, de cambiar de colegio… y así fue tras hacer unos papeleos como requisitos que les pedían.

Elena, coincidió con una tutora que estaba involucrada en la lucha contra el acoso escolar y decidió contárselo.

El simple hecho de tener una profesora sensible, fue decisivo.

Con el paso del tiempo, Elena logró superar las secuelas más graves aunque, en ocasiones, todavía se ponía algo nerviosa al recordar por todo lo que había pasado… era como una herida que aún estaba cicatrizando y que se siente un poco de dolor al tocarla.

Llegado un viernes, fin de semana, Elena se dirigió a la habitación de Juan…, y mientras él le abría la puerta, ella con mirada triste y al mismo tiempo feliz, le dijo que eso de los “mejores amigos” para ella no existía, sino “mejor amigo”, él. Su mayor apoyo: Juan.

El mismo día, en aquella habitación, y con una tremenda claridad que entraba a través de la ventana, se abrazaron y prometieron quererse, apoyarse, defenderse y estar ahí el resto de sus días, en los buenos, pero sobre todo, en los malos momentos. Y éste fue su pacto, el que siempre cumplirían.

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