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Autora: Ani Laura Ruiz

7:54 am ; 11 de noviembre de 2018”

El corazón me empieza a latir deprisa.

Es como si la luz verde del reloj electrónico, súbitamente, me tirara un balde de agua fría mezclada con realidad.

¡Jolines, que tarde voy!

Salto de mi cama con la disposición de entrar al baño, pero algo me detiene. Nervios. Tengo nervios otra vez. No, no, no, no.

Dentro de mí comienza una lucha entre mi ser racional y las emociones que me azotan.

Tengo que darme prisa si quiero llegar —pensó mi parte racional. Pero por otro lado, mi ser emocional, nada cooperativo, saca a flote mis miedos e inseguridades. Detesto cuando pasa esto, ¡mis decisiones van mucho más lento!

Reviso mi móvil esperando que el entrevistador me haya cancelado; por desgracia no veo ninguna notificación de él. Tengo temor de llamarlo para avisar de mi posible tardanza y que me niegue la oportunidad de trabajar con ellos.

Mientras me dirijo al armario para sacar la ropa que debí planchar para hoy, calculo lo tarde que voy a llegar. La cita es a las 9:00 am en un edificio cercano a Plaza Castilla y yo vivo en el pueblo nativo de Cervantes. No tengo ni que preguntarle a Google Maps para saber que mi probabilidad de llegar a tiempo es de 0%.

La luz verde del reloj parpadea y me muestra que la hora se ha actualizado:

7:56 am, lo miro una vez más y corro al baño.

Ojalá te detuvieras —pienso, mirando el reloj de muñeca que está sobre el lavamanos. Aunque no me refiero literalmente a mi reloj, si no a quién representa, su maestro: el tiempo.

Una vez lista, salgo de casa rápidamente, dispuesta a correr, pero me encuentro con una procesión de mujeres mayores. Todas en dirección a la Catedral de los Santos Justo y Pastor.

Todo mi cuerpo se tensa y ya no sé ni donde me encuentro por un momento.

De repente, caigo en cuenta.

Es domingo.

La Sra. María de los Milagros, cabecilla de aquella pequeña procesión proclama un fragmento del evangelio que toca hoy: Mateo 24, versículo 44.

—“Por eso también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del Hombre”.

Pues si hoy hubiese sido el día de la entrevista, y el Hijo del Hombre mi entrevistador, estaría bien mal.

Y solo entonces, sin esperarlo, mi móvil vibra. Lo levanto con ansias, pero la pantalla se queda negra. Me he quedado sin batería.

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