Junto a Barry

Autora: Montserrat Yusta Pascual

El recuerdo de Barry, un hermoso perro de raza San Bernardo que tuve cerca de los catorce años, me llena de una profunda emoción.

En mi adolescencia, viví momentos entrañables que siguen en mi mente y que en mi día a día están en mi memoria y no olvido, pues el acordarme de tan apreciable, para mí, mascota, me hace revivir momentos muy agradables que me hacen percibir aún, apego y no menos amor y predilección, pues juntos pasamos momentos inolvidables. A pesar de la experiencia vivida en un momento doloroso durante unos meses de su vida, algo bonito queda en el recuerdo al final, pues su vida constituye en la mía uno de los recuerdos más bellos de mi adolescencia. Todo ello me hace experimentar mucha paz interior y serenidad.

Ya contando con unos dieciséis años, mi familia y yo tomamos la decisión de adoptar un perro. Estábamos encantados con la idea de tener una mascota en casa y uno de mis sueños desde muy joven se hizo realidad.

Barry era enorme, su peso, cerca de setenta kilos, hacía que todo lo grande que era y al mismo tiempo, la nobleza que le caracterizaba, suponía una bondad como la que más; era cariñoso, bueno, en fin, características amables no le faltaban.

Su carácter tranquilo, reposado aunque jovial, denotaba belleza y no solo con su capa blanca y roja.

Su relación con los niños era excelente y aunque su tamaño imponía, era ejemplar.

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Desolación de la tierra

Autor: Pablo Gascón

Mesetas lejanas pobladas de escarcha,

manojos de flores en labios rasgados.

Feroces sonrisas, reyertas de azadas.

Lluvias del ayer: tus rayos diáfanos

chocan descarnados y tornan oscura

la sensual locura que un viento enfermizo

guardaba, guardó. (Arriba murmura

la luna, tan pura, como una llamada

del sol que la llama flamante encendió).

Emanan estrellas de voces extrañas.

Se acercan aceros, puntillas, navajas

al ojo mugriento del mundo. ¡Señor,

qué maldito el canto del maldito albor!

Sonrisas y llantos llenos de amargura.

Ruedan huracanes, pedregales, lágrimas.

Turbias pesadillas regresan al fuego:

¡se queman, se queman, y no quieren eso!

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