Desolación de la tierra

Autor: Pablo Gascón

 

Mesetas lejanas pobladas de escarcha,

manojos de flores en labios rasgados.

Feroces sonrisas, reyertas de azadas.

Lluvias del ayer: tus rayos diáfanos

chocan descarnados y tornan oscura

la sensual locura que un viento enfermizo

guardaba, guardó. (Arriba murmura

la luna, tan pura, como una llamada

del sol que la llama flamante encendió).

Emanan estrellas de voces extrañas.

Se acercan aceros, puntillas, navajas

al ojo mugriento del mundo. ¡Señor,

qué maldito el canto del maldito albor!

Sonrisas y llantos llenos de amargura.

Ruedan huracanes, pedregales, lágrimas.

Turbias pesadillas regresan al fuego:

¡se queman, se queman, y no quieren eso!

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Orgullo de España

Autor: Pablo Gascón

El pueblo canario salió a las calles,

recorrió las avenidas soleadas

de su ardiente villa. Tomó del valle

consignas libres, remotas, calladas.

Después, el valle recordó estallidos

de violencia, y sondeó solventado

ante sus dioses prudentes. Anclado

sobre la orilla, escucha los alaridos.

Consignas del pueblo que a libertad

adoran: pueblo enorme cuya historia

admiran. (Mas creen en su presente).

¡España os necesita, la verdad

sea dicha! ¡Tanto como a su gloria!

¡Por qué sois de España orgullosa frente!

Mensaje de esperanza

Autor:  Pablo Gascón

El verso, una vez más, despliega dulcemente

sus frágiles aletas,

y se incrusta en las voces

de cuyos adentros partió,

irritado y soñoliento.

Una buena noticia

envía el mensajero que antaño vio las flores

crecer con nostálgico ardor y nacer

con mortífero sueño…

Debéis saber que, pese al griterío,

existen nuevas flores que plácidamente sonríen

en los márgenes de los ríos;

hay impuros testigos recelosos

que invocan a los dioses y observan su misterio

con la certeza omnisciente de que serán así prodigios;

alimentos, manjares, esperando a que el hombre

cese de hacer oprobio en sus quehaceres;

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Del presentimiento

Autor: Pablo Gascón

Del presentimiento

me invaden conclusiones

que alteran situaciones,

hallazgos del momento.

Del momento hallazgos

tiemblan en la alfombra

de tenue luz de sombra

al sur del mayorazgo.

Del mayorazgo intruso

por los hombres silentes

que aguardan penitentes

el manantial confuso.

¿Quién será aquél que altivo

arrastre cien caballos

hacia el abismo sediento

de sangre y sentimiento

mil veces destructivo?

Oda a los padres primerizos

Autora: Beatriz Guillén

Ese día, yo lo supe:

me quedé embarazada

de mi niño o mi niña

que tanto tu padre como yo

tantas veces deseamos.

Mi cuerpo estaba cambiando:

mis pechos iban aumentando,

mi vientre dulcemente renacía,

era como una Venus

que de belleza resplandecía.

Muchísima alegría nos diste,

ya estabas dando patadas,

para mi algo molestas,

pero ya sabían tu papá y tu mamá

que dentro de mí tú estabas.

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Habrás oído decir…

Autor: Pablo Gascón

Habrás oído decir de lánguidas voces

que ya las flores no perfuman con sus fragancias,

que ya las montañas no desprenden

las musicales notas del murmullo asiduo,

sino que en un velamen danzan escondidas,

sus senos protegiendo del diente envilecido.

Del diente envilecido que amamantó la noche,

alimentó las sombras y, desde su insolencia,

manchó las sepulturas que lloran por amor.

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¡Qué soberbias las torres…!

Autor: Pablo Gascón

¡Qué soberbias las torres inconscientes,

prodigios natos, estancias soldadas!

¡Al son de su silencio van cien hadas

que llevan del brazo a los contendientes!

 

Luchas y reyertas. Óyese rugiente

crujir sobre las mortales encimadas

del castellano brío. Enturbiadas

las aguas bajan desde los puentes.

 

¡Oíd los temblores de la batalla

de los marcados por dos hendiduras!

Naciendo están sus almas. ¡Pobres huestes!

¡Que solo al Dios hablan!

Y el buen Dios calla siempre.

¡Les cuelgan de su puño ataduras…,

y ruegan como infames al celeste!

Sobre la ventisca

Autor: Pablo Gascón

Sobre la ventisca, los huesos blancos

esparcidos del soldado me llegan;

son los mismos que tiempo atrás cegaron

por sí mismos aquella podredumbre

mundana que no consintió el picoteo

constante de palomas mensajeras.

Llegaron un día solas, y solas

marcharon. En sus picos la continúa

sed de venganza absorbió por completo

el solo atisbo de sus existencias.

 

Es formidable imaginar

Autor: Pablo Gascón

Es formidable imaginar rompeolas

-conscientes de su altura-, componer

partituras llenas de melodías escritas

con la pluma de sus etéreos oleajes.

La voz de la lira sollozante

por los desamores de los amantes

que infinitamente en lucha se amaron.

(Nunca sabrá la luna cómo la quiso el sol).

Instrumentos musicales: ronco tamborileo

golpeando implacable el horizonte

oculto tras la noche, bajo estrellas

nacidas para vivir inmortales.

 

Las almas gemelas

Autor: Pablo Gascón

Sobre la tierra,

alzadas,

dos figuras se entrecruzan

formando redondeles.

Una es límpida,

serena,

y sus ojos celestes

hieren mortalmente.

Torpe, recelosa,

la otra figura va columpiando

sus contornos rojos,

religiosos, intrigantes.

Ambas ascienden,

alejándose,

 y vuelven a juntarse.

Por azar, de nuevo,

separándose.

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Se perdieron

Autor: Pablo Gascón

De tus perlas florecientes,

de tus labios encendidos,

se vislumbran transparentes,

tristes y dulces gemidos.

Callados hablan diez filos,

voz de la melancolía.

Redondos bajan dos hilos

por los alcores del día.

Y al llegar el llanto al río

céfiros se desprendieron

de un corazón como el mío.

Después…

después se perdieron.

Ofrenda de luz y melodía (ausencia presente)

Autor: Pablo Gascón

Siento tu aliento bordeando mis mejillas,

dulces presiento tus manos

acariciar la penumbra

en la cual vivo envuelto desde hace media vida.

No me importará, amor, pese al lejano

silencio que es inmediato,

encender cual llama presagios a tu nombre,

sagrada voz de los dioses;

tampoco me importará absorber mis mil pecados

en un día, y a tu bondad, con firmeza,

dedicarle una ofrenda

de luz y melodía.

Si es preciso, por ganarme

tus anhelados besos, rezarle a Dios,

orarle al Hijo, rogarle a los dos,

con el espíritu baldío,

que no te alejen de mí

para así alcanzar los cielos

que tú mereces, amor mío.

Poemas

Autor: Paco Alonso

Siempre, prisas y correr

Siempre con prisas.

Siempre corriendo,

y al final, después de todo,

seguimos como siempre.

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Rotos

Amores rotos.

Amores prohibidos.

Eso es todo.

El principio,

el fin de todas las cosas.

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Llamaradas

A solas con las estrellas,

y el y ella, allí brillando,

mi padre, mi madre, el perro

y yo.