Desde Barcelona, mon amour

Autor: Pablo Medina

Barcelona, mon amour.

Escúchame un momento, qué cosas le pueden llegar a pasar a uno. Te cuento: llegué a Barcelona a medianoche, tenía que cambiar el billete, a eso me dio tiempo a llegar, pero, claro, llego y no hay nadie esperándome. ¡Caray! y ¿Yoli?, aquí no espera nadie. Al punto de información: “Hola, buenas noches, ¿por favor, una cabina de teléfono?, ¿me indica? bien, muchas gracias”.

Llego, marco, tic, tic, tiquiti, suena:

-Hola, Yoli.

-Ah… Hola, ¿eres Fernando?

-Sí, soy yo, acabo de llegar, estoy en Sants. Tuve que coger el siguiente tren.

-Claro, me extrañó que no estuvieras en el del mediodía.

-¿Y cómo hacemos?, ¿qué tengo que coger para llegar a tu casa?

-Vente en metro. Línea verde, Alfonso X. Yo te voy a buscar.

-Vale, voy para allá.

Hace tanto que no la veo, ¿cómo estará?, ¿será la Yoli de siempre? Qué impaciencia. ¡Por Dios!

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Vuelo 147

Autor: Pablo Medina

Vuelo 147. Europa Air Line. New York. Aeropuerto JFK.

Era la hora, con la maleta hecha, y después de esperar y esperar, llegó el momento. La maleta embalada con ayuda de mi asistenta Magdalena. Me llevaba a Barajas mi hermano Juan Manuel.

Ya en el aeropuerto, lo primero, puerta de embarque, sucedió algo, me recordó a esas cosas que se oyen en los medios de comunicación: uno que iba a embarcar y alguien le dijo al oído “no tome usted ese vuelo” y luego no embarcó y ese mismo día ese avión se estrelló. Pero en esta ocasión fue otra cosa lo que pasó, que un hombre de raza negra cayó al suelo justo antes de la puerta de embarque. Acudieron el personal del aeropuerto y unos minutos más tarde llegó el SAMUR.

Ya se puede subir al avión. En la fila embarcamos por orden desde las ventanillas de la pasarela. Veo el nombre escrito en el morro del avión, se llama Bisbal. Tiempo después lo comenté con personas cercanas a mí, respuesta: que horror, qué mal, qué mal. Y lo más increíble después de esto es que todavía estoy aquí para contarlo.

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Discurso

Autor: Pablo Medina

Date cuenta de que tienes un plato. El plato estaba limpio ¿es esto cierto? O ya contenía alimentos o se los pusiste después en al plato, y antes tuviste que cocinar y más tareas: lavar, trocear, aliñar (en el caso de las ensaladas), freír, condimentar hasta presentar y servir.

Hubo un tiempo en el que comer todos los días era más puro. Recuerdas ahora aquellos días que mientras se preparaba la comida, a veces hasta se picaba de la comida sin estar hecha. Un ejemplo: coger una judía verde sin cocer o un trozo de patata y comérselo antes de cocinarlo. Eso sólo ocurría en aquellos días. Es un momento de la vida que parece de chiste. Vamos a tomárselo con humor, como el de aquel que andaba en la cocina con la fruta, te acercas a verle y te lo encuentras comiéndose un plátano con la cáscara y preguntas:

-¿Te lo comes sin pelar?

-Y qué más me da. Ya sé lo que hay dentro.

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Cuento de Sábado Tarde

Autor: Kepa Vadillo

Hace trescientos años, en Vascolandia, había un pequeño pueblo que besaba la ría y abrazaba sus montes. Tenía un Rey, cantarín y bonachón, amante de los juegos y de sus gentes.

Al Rey, le encantaba pasear por sus prados verdes, observar a los niños, ver como jugaban a los deportes típicos de la zona como el levantamiento de piedras, el arrastre de bueyes y el fútbol. Ya sé que se sorprenderán cuando lo lean. Ese deporte no lo inventaron los ingleses. En Vascolandia, los niños lo practicaban desde tiempos remotos. Lo inventó un tal Patxi un día de verano, al pegar una patada a una pequeña piedra de unos cien kilos, de forma redondeada que empezó a rodar.

Al ver practicar ese deporte, el Rey, que tenía un nombre pequeño pero singular, que se llamaba Burionagonatotorecagageazcoechea, se le ocurrió que había que adoptar una serie de normas, para conseguir entre todos un reglamento que hiciese más fácil la práctica de ese juego.

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