Un final trágico

Autor: Antonio del Cerro

Judith es una chica poco común. Francisca también. Las dos trabajan en el muelle de Santa Mónica. La mercancía con la que trabajan es peligrosa y muy valiosa. Son traficantes de armas bacteriológicas. Judith empezó como mafiosa robando camiones. Francisca, o Paca, era terrorista en su país de origen. Les busca la policía por vender su mercancía para ganar mucho dinero. La tela de araña las protege porque ellas no venden el producto en persona. Utilizan intermediarios a sueldo que son los que normalmente arresta la policía. Aun así, un comisario muy inteligente sabe que ellas están detrás.

Un día hubo un fallo con un paquete que se abrió y expulsó producto nocivo. Esto sucedió porque estaba mal embalado. Rápidamente, Judith y Paca metieron la caja en un camión robado que querían usar para otro trabajito. Se subieron al camión en dirección a la comisaría de policía más cercana. Allí dejaron el camión abierto y se dieron a la fuga. Mataron a varios policías. El comisario se juró a si mismo que capturaría a las dos chicas.

Con el tiempo, el comisario olvidó a Judith y a Paca, y ellas pudieron continuar con su trabajo de traficantes de armas bacteriológicas hasta que la competencia las liquido. En este caso, gajes del oficio y juego sucio es el resultado del trabajo con las armas más devastadoras.

Asesinato en tiempos de paz

Autor: Pablo Medina

El escenario: cualquier localidad de la comunidad de Castilla La Mancha.

Protagonista: el cartero de la localidad.

El tiempo: meses de verano.

Sucedió un día de julio. Todo era tranquilidad en el pueblo, las mujeres estaban a la puerta de casa comentando la jornada que empezaba, es una manera de expresarse. Justo antes de la hora del mediodía. Al asunto, calle abajo se acerca Don Anselmo. Se para un momento, mira a un lado de la plaza, piensa en entrar al bar La Central. Algo le ocurre, no se acuerda de qué tiene que hacer. Si lo piensa un poco se acordará, es una carta que lleva en la mano pero no repara en ello. Le tira más el bar. Según entra, el saludo diario.

-Buenos días, Fermín. Lo de siempre.

-Señorío de los Llanos, buena cosecha.

-Oye, Fermín ¿tú sabes el horario del buzón? Entiéndeme, cuándo recogen porque es que no me aclaro.

-Pero hombre a estas alturas me sales con esas. ¿Cuál es el problema?

-Pues que con este dichoso cartero nunca coincido con él. Y necesito que me diga que pasa con las cartas, estoy siempre a la espera y nada, que no me contestan.

-Te puedo decir, por la mañana, a eso de las dos menos cuarto, siempre aparece su camioneta. Y el resto de horas, por la tarde, antes de que acabe el día, suele pasar otra vez.

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Jugando en la oscuridad

Autor: Antonio Fernández

El espectáculo de variedades del Victory era el lugar perfecto para cometer un crimen, en su patio de butacas, sumido en tinieblas, durante la representación o tal vez entre los bastidores del escenario, pensaba nuestro hombre, recordando cuando de pequeño jugaba a “Asesinato en las tinieblas”: la víctima, al igual que el juego, era elegida al azar. Era tan simple deslizar suavemente el estilete sobre la yugular y era tan divertido observar el rictus de la cara de la víctima. Sumido en esta ensoñación, se acercó a su víctima, una mujer de unos cincuenta años calcula, era difícil saber su edad ya que estaba demasiado maquillada; como un payaso ruso.

Entonces deslizó la cuchilla suavemente, la mujer abrió excesivamente los ojos, y el grito se congeló en su garganta, solo era capaz de emitir sonidos guturales mientras nuestro hombre desaparecía sigilosamente entre la oscuridad del patio de butacas.

Sí, decididamente, fue un buen espectáculo, pensó, mientras se alejaba por las brumosas calles de París.

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Relato inspirado en el libro de relatos de Margaret Atwood: Asesinato en la oscuridad. El nombre del teatro “Espectáculo de variedades del Victory” remite al relato de Margaret Atwood publicado en el libro mencionado y el juego que practicaba en su infancia el protagonista es una idea original de Margaret Atwood en el relato de mismo título que el libro “Asesinato en la oscuridad”. Por otra parte, el relato tiene referencias directas a la revista “Ellery Queen’s Mystery”, exactamente, el ejemplar publicado en agosto de 1963.

Momby

Autor: Antonio Fernández

La tía Violetta vive en uno de los barrios más tranquilos de París, y no porque su casa se encuentre cerca del cementerio más grande y viejo de la ciudad.

Su vieja casa victoriana parece sacada de una de aquellas películas antiguas de época…en fin…de ella y su casa os hablare otro día; hoy os hablaré de Momby, la criada.

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Expediente Pelo Pocho

Autor: Pablo Medina

A quién pueda interesar

Detective en activo: Severo Izquierdo

A día de hoy casi terminada la estación veraniega y después de 7 meses de intenso trabajo, este es el resumen de lo que he averiguado.

Llevo ya meses siguiendo al individuo que apodo Pelo Pocho. Este tipo empezó a parecer sospechoso porque agentes no comprometidos con investigaciones de asuntos internos y agentes de otros departamentos lo solían ver antes en extrañas circunstancias y siempre en el mismo papel. Se podría decir de señuelo.

Este sujeto presenta el aspecto de un personaje de novela negra y de delincuente de guante blanco, tiene ese aire cetrino, la espalda cargada de un lado y el otro como si se le salieran los huesos de los hombros. Nariz aguileña, tipo judío errante, pelo ralo negro, pegado a la cara.

Desde que llevo siguiéndole, me conduce al lugar de los hechos, donde siempre hay un “fiambre”.

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Diluviaba

Autora: Mª Antonia

La primera vez que le vi diluviaba. Era otoño, eso lo recuerdo bien.
Escuche el sonido de la azada y baje a ver quién estaba trabajando en el jardín. Le vi de espaldas agachándose y levantándose con un anorak obscuro y una capucha. No sabía quién era e hice ademan de acercarme para comprobarlo pero desvíe un segundo la vista y, al volver a mirar, ya no estaba.

La segunda vez que escuche la azada también llovía, baje deprisa y le grite:
– ¡oiga, oiga!
Pero cuando estaba pronunciando el tercer “oiga” me di cuenta de que había desaparecido.

Me entró miedo, desasosiego y también una sensación de incredulidad. No podía ser. ¿Qué había ocurrido?  ¡Había desaparecido ante mis narices! Recorrí el jardín pero no estaba, no estaba.

Entonces me asaltó la imagen de un recuerdo antiguo: mi padre arreglando esa misma valla hacia 25 años en un día de lluvia. Él estaba solo y mis hermanos y yo jugábamos con los amigos en la plaza pero yo, de vez en cuando, bajaba a ver si necesitaba ayuda.

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